La cantante protagonizó los ochenta con Parálisis Permanente
La cantante protagonizó los ochenta con Parálisis Permanente

Vuelve Ana Curra, magnetismo permanente

Concierto homenaje de la cantante al legendario Eduardo Benavente, con el que formaba Parálisis Permanente

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Ana Curra (El Escorial, 1958) vuelve a abrir el paraguas del «after-punk» con la misma intensidad que mostraba junto al legendario Eduardo Benavente hace 36 años, la misma franja temporal transcurrida desde que perdió la vida el líder de Parálisis Permanente. Y no, no ha salido del túnel del tiempo esta enigmática mujer, que fundó Seres Vacíos con posterioridad y colaboró con Digital 21 en tiempos recientes. Su energía y creatividad mantienen un vigor contemporáneo que se trasladará en su cita madrileña de este sábado.

Un regreso por todo lo alto, con el mito del álbum «El acto» en primer plano, pero también con el estreno de su nuevo disco: el EP de cinco canciones titulado «Huaca», con temas como «Aprendiz de bruja» o «Tres tristes yonkis» y juego de fotografías con la firma de Alberto García-Alix.

—«Huaca» se refiere a un santuario, ¿verdad? De nuevo la liturgia de ver a Ana Curra.

—Es una palabra en quechua. Significa entrar en tu santuario, en tu estado de creación. Está relacionado con los muertos, con lo primario. Se refiere a una especie de cueva que es como un refugio.

—El concierto como ritual, tal cual sucedía en los tiempos de Parálisis Permanente: «Autosuficiencia», «Adictos a la lujuria»…

—Tiene y no tiene que ver con Parálisis Permanente, pero sí con mi esencia. Creo que «Huaca» no es ochentero. Además, los 80 no eran homogéneos. Estábamos los grupos con un sonido propio, como nosotros, Décima Víctima, Derribos Arias o Radio Futura y luego hubo unos 80 más estándar.

—Ni siquiera cuando militaba en Alaska y los Pegamoides fue Ana Curra a favor de la corriente.

—Mi actitud siempre ha sido distinta, quizá porque no vivo de esto [ejerce en el conservatorio de El Escorial como profesora de piano, desde Mozart hasta Philip Glass y Arvo Pärt, pasando por el barroco checo de Zelenka]. Cada concierto es, para mí, especial. No quiero caer en la rutina del rock, por eso tengo que dosificar mi energía.

—¿Qué lecturas le han influido últimamente? 

«Querido miedo», un libro de relatos de Jesús Zomeño [con una imagen de Eduardo Benavente en su portada], o «Los Caín», de Enrique Llamas.