Víctor Pablo Pérez, durante la entrevista
Víctor Pablo Pérez, durante la entrevista - Ángel de Antonio

Víctor Pablo Pérez: «Dirigir nueve sinfonías es un reto emocional»

El músico burgalés se encerrará el día 24 con cinco orquestas en el Auditorio Nacional para dirigir nueve Novenas sinfonías en más de doce horas

MadridActualizado:

El próximo 24 de junio, y para celebrar el cercano Día Internacional de la Música, Víctor Pablo Pérez, uno de los mayores diestros de la música española, se encerrará en el Auditorio Nacional con cinco orquestas en un concierto titulado «Nueve novenas». Se refiere a las novenas sinfonías de otros tantos compositores, que el director burgalés, de eterno rostro juvenil a pesar de sus 63 años, dirigirá en cinco conciertos a lo largo de más de doce horas. Bajo su batuta, cinco formaciones: la Orquesta Nacional de España, la Orquesta Sinfónica de RTVE, la Orquesta de la Comunidad de Madrid, la Joven Orquesta Nacional de España y la Orquesta Sinfónica de Madrid (con el Coro Nacional de España). «Unas sinfonías son novillos pero otras son auténticos victorinos», dice el director de orquesta. El apoderado de la idea es el director del Centro Nacional de Difusión Musical, Antonio Moral, un hombre conocido por su contagioso entusiasmo y su insistencia, que fue quien escogió las nueve obras y quien llamó a Víctor Pablo Pérez. «No hubo manera de decirle que no», se excusa. En los «descansos», el público que acuda a esta festiva jornada podrá escuchar otros conciertos de cámara y callejeros y degustar un vermut de jazz. La «Música para los reales fuegos de artificio» de Haendel -con música enlatada pero fuegos reales- pondrá fin a la fiesta más allá de la medianoche.

¿Es la mayor «faena» a la que se ha enfrentado?

Es un reto importante para hacerlo en un solo día. Un triple reto: físico, porque cinco conciertos requieren un gran esfuerzo; estilístico, porque hay un mundo estético muy variado, con obras muy diferentes, que comprenden doscientos años de historia de la música; y emocional, sobre todo, porque seis de las nueve sinfonías son muy emocionales: hay que vivirlas, no solamente dirigirlas. Y ahí hay que graduarte, porque con la de Beethoven ya te puedes desfondar.

¿El orden tiene una razón de ser?

Es un orden cronológico, con una excepción. La última debía haber sido la Novena de Shostakovich, pero yo quería terminar con Mahler. Después de la Novena de Mahler es muy difícil dirigir otra cosa.

¿Cuáles había dirigido ya?

Menos Haydn, Mozart y Garay, que estoy dirigiendo en los últimos meses para preparar este concierto, todas.

¿Hubiera aceptado el reto si no hubiera tenido este bagaje?

No. Las seis grandes las he dirigido muchísimas veces. La Novena de Beethoven la dirigí por primera vez hace treinta y siete años, cuando el Teatro Real era todavía sala de conciertos; y la última hace tres semanas, en el Palau de la Música Catalana. El mundo de Bruckner es para mí muy cercano y que lo conozco bien. De Mahler he dirigido todas las sinfonías excepto la Séptima, porque confieso que no la entiendo. Y así con Dvorák, Shostakovich... Con todos. Eso me ha permitido planificar los ensayos y que los materiales que se van a usar tengan mis anotaciones.

¿Tiene alguna favorita?

Más que favorita... La más cercana a mi forma de pensar y de existir es Bruckner. Como autor, también.

-

Ha hablado del reto físico. Son cinco conciertos a lo largo de más de doce horas; ¿cómo se prepara?

Es duro, sí. Normalmente un director hace dos conciertos en un mismo día, el ensayo general y el concierto propiamente dicho. A lo largo de los ensayos iremos aumentándolo paulatinamente: un día dos, al siguiente tres, al otro cuatro... Pero yo previamente, para prepararme, lo que hago es dirigir en mi casa las nueve sinfonías en un horario similar al del día 24 para ponerme a prueba física y emocionalmente de cara a esta locura. No es lo mismo dirigir a una orquesta profesional que a una orquesta de jóvenes, como la Jonde. La respuesta de estos es de una energía y un entusiasmo desbordantes, pero tienes que dirigirles mucho más, indicarles con tus gestos continuamente todo. Esto es más agotador.

¿Cuáles son los principales miuras de esta jornada?

Mahler, porque todo en él es emoción, y Bruckner, porque exige una planificación muy controlada y detallada: es como construir piedra a piedra, arco a arco, bóveda a bóveda, una gran catedral. Shostakovich es un autor que me atrae singularmente -he estrenado alguna de sus sinfonías en España, y las toco desde hace treinta y cinco años-, y la historia de su Novena es muy interesante, porque aparentemente es muy ligera, pero guarda unas cargas de profundidad tremendas contra el régimen soviético. Todas sus sinfonías están impregnadas de acontecimientos históricos y vivencias personales. Hay una fanfarria seguida del lamento de un fagot que quiere poner en evidencia el peso brutal del régimen. Shostakovich decidió quedarse en la Unión Soviética, no marcharse de su país, pero tiene que soportar que la gente -y Stalin el primero- no entienda su música. Llegó a sentir pánico por su vida. Y esa angustia la refleja a través de sus sinfonías, llenas de sarcasmos y detalles críticos.