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CLÁSICAFestival de GranadaWagner: «Tristan und Isolde» (acto II). Int.: Dalayman, DeYoung, Heppner, Pape, Rügamer. Staatskapelle Berlin. Dir.: Barenboim. Lugar: Palacio de Carlos V. Fecha

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Festival de Granada

Wagner: «Tristan und Isolde» (acto II). Int.: Dalayman, DeYoung, Heppner, Pape, Rügamer. Staatskapelle Berlin. Dir.: Barenboim. Lugar: Palacio de Carlos V. Fecha: 9-VII

ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE

Ha hecho bien Daniel Barenboim en cambiar el traje blanco con el que habitualmente dirige sus conciertos nocturnos y veraniegos por uno oscuro. La escenografía es algo importante. También el Festival de Granada ha arañado el presupuesto para conseguir que a la Alhambra la ilumine una luna a punto de reventar. No todos los días se clausura un festival con el segundo acto de «Tristán e Isolda», música que huye de la luz y de la materia. Así es, por mucho que las circunstancias hagan todo un poco más prosaico. Si el calor es abundante, el cuerpo se pega a las sillas. Eso no tiene remedio mientras el soporte sea de plástico. Si Tristán canta al lado de Isolda a propósito de la liberación, del divino crepúsculo y de un mismo aliento, Katarina Dalayman aprovecha las cesuras para beber de la botellita que esconde en el atril. Eso debe poder arreglarse, pues a nadie escapa que semejante líquido poco tiene que ver con el «filtro bendito».

Pero no hay que ser extremistas. Entre lo correcto y lo inadecuado hay todo un catálogo de matices. Más ejemplos. Si a Ben Heppner, que es humano aun pareciendo a veces Tristán, se le olvida su parte pese a tener la partitura delante, sólo queda confiar en que la inmediata falta de concentración no le rompa la voz demasiadas veces. Aunque sea inevitable sospechar que tendrá dificultades para igualar la tensión del momento en el que llamando a su amada proclamó su creencia en la unidad eterna. Por fortuna, siempre es posible que aparezca René Pape, cual Rey Marke, cantando desde las alturas con su acostumbrada seguridad, robustez, amen de un importante surtido de detalles que convierten su monólogo en una noble intervención.

Es lógico que el éxito de este acto de «Tristán» haya sido enorme, pues, al margen de lo circunstancial, esta vez Barenboim ha pisado el escenario con fuerza, añadiendo, poco a poco, intensidad en busca del crucial encuentro de los amantes. Dirigió de memoria y con tacto, gracias a lo cual Dalayman pudo alargar el fraseo, dejando detalles de muy expresiva musicalidad. Tropiezos aparte, Heppner hizo creíble al protagonista. Primero con empuje y temple lírico antes que heroico, luego buscando algunos apoyos nasales no demasiado favorecedores. Expresivo vibrato, calidez y corpulencia tuvo la Brangania de Michelle DeYoung. El eco de todo ello ya es historia del Festival de Granada.