El tirón de la ópera

Por JOSÉ LUIS GARCÍA DEL BUSTO
Actualizado:

Nuestros festivales veraniegos con más solera -San Sebastián, Granada, Santander- siempre atendieron a los conciertos sinfónicos como pilares de su programación. Esa actividad, concentrada en unas semanas, con frecuencia era la única posibilidad que se ofrecía a los lugareños de escuchar a grandes orquestas. Por añadidura, en tiempos pasados las buenas orquestas europeas y americanas no era precisamente habitual que circularan por nuestro país y, en cambio, sí podían recalar en uno o varios de estos festivales, lo que convertía a sus ciudades en panal de rica miel al que acudíamos moscas de otras partes. Cierto es que San Sebastián, Granada y Santander nunca dieron la espalda a la ópera, pero éste es un género que históricamente se atendió solo de vez en cuando y como se podía: los presupuestos obligaban a amarrar y, a falta de teatros adecuados -salvo el Victoria Eugenia donostiarra-, se hacía la ópera en concierto o se asumían las tremendas limitaciones de los espacios habilitables para las representaciones.

Pero los tiempos cambian. Ahora el tirón para el filarmónico viajero no es el sinfonismo, al que tiene acceso a lo largo del año -más o menos próximo, más o menos fácil-, sino la ópera. La ópera escasea más, es más distinguido y da mucho más tema de conversación. Es lo que mola. Sin embargo, hay cosas que permanecen y, así, hoy como ayer, la música es lo de menos. Se va a escuchar a Fulano o a ver el montaje de Mengano y se escucha y se ve «lo que caiga». Metidos en esta moda, me declaro abiertamente simpatizante de La Fura dels Baus: a sus operófilos seguidores les han caído partituras de Falla, Berlioz, Debussy y José Luis Turina. ¡Toma ya!

Lo que va a caer este verano en nuestros viejos festivales en materia operística es vario, interesante y no excesivamente tópico. En Granada, el «Fidelio» de Harry Kupfer (y de Beethoven, con perdón). En San Sebastián, el montaje de «Il viaggio a Reims» aclamadísimo antes en el Festival Mozart de La Coruña. Y Santander, una coproducción con la Ópera de Niza de «Andrea Chenier» y dos nuevos espectáculos operísticos firmados por el Teatro Helikon que dirige escénicamente Dimitri Bertman y que nos deslumbró en la pasada edición del festival cántabro desplegando imaginación teatral y buen hacer musical con óperas de Chaikovski y Shostakovich que fueron experiencias de gratísimo recuerdo. Este año los mismos artistas rusos traen «Los cuentos de Hoffmann» y «Lulú». Me apunto.