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Por Alberto GONZÁLEZ LAPUENTE
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Festival Internacional de Música Contemporánea. Joven Orquesta Nacional de España. Dir.: P. Davin. Obras de Stravinski, Civilotti, Guerrero, Debussy y Bartók. Teatro Principal, Alicante. 28 de septiembre.

La Joven Orquesta Nacional de España (Jonde) se ha puesto a prueba para el segundo de sus conciertos en el Festival de Música Contemporánea de Alicante. En realidad, no ha sido más que apurar el lema que guía la programación de este año, marcar el comienzo de un «Alicante año uno» con «El joven intérprete ante la música contemporánea», y llevar a quienes se perfeccionan orquestalmente por un paseo musical complejo que resultaría dificultoso para cualquier profesional: desde el detalle de lo pequeño en el «Concertino» de Stravinski y la versión de cámara del «Preludio para la siesta de un fauno» de Debussy, a la grandeza de obras como la suite de «El mandarín maravilloso» de Bartók, el estreno de «The Stream» de Alejando Civilotti o la nada fácil «Coma Berenices» de Francisco Guerrero.

Convocar al director belga Patrick Davin ha sido todo un acierto pues la simpatía de su desgarbada figura corre pareja a la capacidad para desmenuzar el interior de lo más complejo. La acritud rapsódica y motriz de Stravinski, el timbre esenciado de un Debussy de salón, en donde tal vez habría sido posible un mayor deleite instrumental, en contraste con la magnificencia de Guerrero en una obra extremadamente difícil, que la Jonde supo interpretar fiel al juego de densidades sonoras que resulta de la superposición individual de cada una de las partes orquestales en un total variable que apabulla y el que se inserta la difícil colaboración de la percusión. La potencia, energía y modernidad de la obra determinaron un punto culminante en el concierto que hay que unir a la finura lograda en el estreno de la obra de Civilotti. Especialmente ante una realización musicalmente tan diversa de la anterior que el autor quiere vincular al expresionista «Grito» de Munch, por más que su resolución se atenga a una violencia más interior, lejana al desgarro y atenta a un decurso de gravedad que desde la oscuridad del timbre crece y evoluciona manifestando ansiedad, lirismo resignado y un desarrollo que no niega cierto sentido argumental precisamente orquestado.

No hubo lugar para la distensión en el concierto de la Jonde y eso ya es mucho. Como que con su actuación, que aún espera una tercera y última el lunes 30 bajo la dirección de Roberto Fabbriciani, el Festival de Alicante prosigue su marcha de la mano de una historia en presente.