Teresa Berganza en la cumbre

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«SI no hubiéramos tenido, nos la habría creado la música», decía Emil Cioran. Esta verdad, la pudimos sentir el 20 de junio, día del décimo año de la muerte del filósofo, al salir de la Manufacture de Sèvres, en las puertas de París, donde desde hace más de tres siglos se crean las cerámicas más preciosas y más costosas de la historia de Francia. Entrada la noche, los presentes se sentían ya fuera del mundo, entre estos hornos ancestrales y los jardines que los bordean como un homenaje a la artesanía cuando logra la grandeza de un arte. Una cena de gala reunía a ciento cincuenta personalidades generosas, a favor de la Fundación para la Infancia presidida por la señora Giscard d´Estaing (el propio ex presidente francés asistiendo) y la Fundación de los Hospitales de Francia, presidida por la señora Chirac. Teresa Berganza, que recibió la Legión de Honor por decisión presidencial y de las manos del ministro de Cultura francés, quería agradecer al país que lanzó su carrera internacional hace algunas décadas, ofreciendo su arte mágico para esta ocasión benéfica. La verdad es que muchas estrellas se juntaron en el cielo para saludar a la diva esta noche, y celebrar su talento que no sólo es de experiencia sino de naturalidad e instinto milagrosamente preservado de las leyes del tiempo. La mujer es música toda, teatro sólo si llama el poema, presencia de una elegida y eximia intérprete. Vivaldi, Rossini, Reynaldo Hahn, Astor Piazzolla... Tantos aplausos para celebrar cincuenta años de canto, medio siglo de encanto. Tuve el privilegio de representar a la artista en esta ocasión, y estoy feliz de haber podido reunir en un Comité de Honor y Amistad los nombres, aunque sean muchos cada uno quiso figurar, de Su Alteza Real la Princesa Irene de Grecia, el amigo Claudio Abbado, los maestros interdisciplinarios Eduardo Arroyo, Daniel Barenboïm, Maurice Béjart, Aldo Ciccolini, Henri Dutilleux, Christoph Eschenbach, Jean Guillou, Elisabeth Schwarzkopf, Jesús López-Cobos, Madeleine Malraux, Zubin Mehta, Riccardo Muti, Pierluigi Pizzi Ruggero Raimondi, Mstislav Rostropovitch, Jose Van Dam, Krystian Zimerman y otros amantes de la música como don Javier Pérez de Cuéllar, don Enrique Barón Crespo (en nombre de la Fundación Internacional Yehudi Menuhin) con su esposa Sofía Gandarias, don Federico Mayor Zaragoza, doña Paloma O´Shea, Pierre Bergé y Marysia Szumlakowaska de Yepes. Un collar de gratitudes hacia un corazón de artista, un alma de inspirada. Esta cena permitió la venta a un donador de una reproducción en miniatura de las porcelanas que solía utilizar la Reina Maria Antonieta. Por eso se llamó a esta noche: «De la Reina Maria Antonieta a Teresa Berganza», como para significar que el gran artista logra también la nobleza que nunca acabará en las memorias. Cuando el público, después del aria de Carmen, pidió otro «bis», me refugié detrás de una muralla de fotógrafos para gritar: «¡Bach, para la Reina!», porque entendí que no se debía olvidar al martirio de esta luciente figura de la Historia. No creo que lo haya oído la Berganza, pero lo cierto es que se puso a cantar el lied de Bach «Bist du bei mir» -Tú estás cerca de mí- una oración de amor terrestre y divino. Con la pureza expresiva de un sentimiento tan profundo y bello, en la dignidad eternamente juvenil de la música de Bach, se concluyó esta coronación del «gusto justo». La huella de su amable trato quedará en el buen recuerdo de los presentes. Porque la música viva es de las delicias de este mundo. En la mañana del 21 de junio, que es en Francia y otros países europeos el «Día de la música», Teresa Berganza pudo descansar en el avión puesto a su disposición, que la llevó a Aix-en-Provence, donde el mismo día empezaba a compartir e impartir sus secretos con los mejores de los jóvenes cantantes, en una Master-Class. En 1957, en esta misma ciudad del sur, cantó Teresa Berganza Dorabella -Adorable...- de las «Bodas de Fígaro», de Mozart. Desde entonces, iba a ser reconocida como «la mezzo-soprano del siglo». Medio-siglo de cantar, siglos de música: sólo luces en el cielo.