«Los teatros de ópera se mantienen gracias a los cantantes»

PABLO MELÉNDEZ-HADDAD/
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-¿Cree que son los intérpretes quienes deben protestar ante puestas en escena con las que no están de acuerdo?

-Cada vez que un director de un teatro programa un título operístico ya tiene mucho hecho: una partitura y un libreto. Cuando yo acepto hacer una obra, pienso en la que me he estudiado, no en la de un determinado director de escena. Todo ya está escrito y pensado. La ópera no vive de directores de escena o de teatro que quieren hacer escándalos, sino por sí misma. Cuando estudiaba nunca pensé en que tendría que discutir con directores de escena por sus posiciones o por un cambio en el libreto o porque al llegar a un ensayo me encontraría con una obra que estaba fuera de contexto. El problema llega cuando el director de un teatro contrata a este tipo de «registas» que no piensan en el público, porque si el público tomara posiciones, estoy segura de que estaría a nuestro lado. Tampoco los colegas cantantes se oponen a hacer cosas con las que no están de acuerdo, pero acceden para volver a ser contratados. Incluso los críticos muchas veces aplauden este tipo de montajes aunque no los hayan entendido. A veces incluso se necesitan subtítulos para la dramaturgia. Cuando firmo un contrato, firmo una cláusula que dice que haré tal obra, no la de tal director de escena. Lo dejo muy claro. Yo hago mi aportación artística y mis colegas la suya. Si todos nos negáramos, las cosas cambiarían. En todo caso hay muchos directores de escena con mucho talento.

-¿Qué piensa de lo sucedido en Londres con Deborah Voigt?

- Eso ha sido un escándalo. ¿Cómo es posible? Todavía no he hablado con el teatro para saber exactamente por qué ha sucedido todo esto. Pero también había un director musical. ¿No sabían quién es Voigt? No lo entiendo. Es como decirle a Montserrat Caballé o a Luciano Pavarotti que deben irse a casa. Es absurdo.

-¿Por qué pasa esto?

-Porque el cantante no está en la lista de prioridades. Pero la ópera es voz. Creo que es necesario un cambio de valores. ¿Por qué el escándalo no llega con cosas bellas y positivas?

-¿Volverá a Madrid?

-Únicamente si el director del Real entiende que no estaba en contra del teatro, ni de él mismo ni del público; sólo de esa puesta en escena. No era la que yo conocía. Por mi contrato tengo el derecho de aceptar o rechazar según qué cosas. Tengo un recital pendiente, que estaba junto con «La traviata», que hasta hoy está bloqueado. El director debe entender que un teatro de ópera se mantiene gracias a los cantantes. El público no debe ser engañado por una producción loca.

-¿Qué piensa del personaje de Carmen que cantará en Sevilla?

-Es fascinante. He estado en Sevilla y he hablado con Carlos Saura, pero hago la ópera porque en el proyecto participa Vittorio Storaro, y eso es una garantía. Yo no canto «Carmen» cada día, y por ello esto es importante para mí.