Renée Fleming, ayer, durante la rueda de prensa

La soprano Renée Fleming, en el Teatro Real

Agencias/Madrid
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Considerada una de las divas actuales de la ópera, la soprano Renée Fleming, amante de los viejos maestros, pero también de experimentar con nuevas músicas, opina que en momentos de crisis, como sucedió el 11-S, "siempre se va en busca de la música clásica, porque representa la autoridad y la tradición histórica".

Renée Fleming ofreció hoy una conferencia de prensa, antes de debutar, mañana, en el Teatro Real de Madrid, con un repertorio en el que incluye piezas de Mozart, Haendel, Massenet o Strauss, pero en el que también tienen cabida un aria de la ópera "Un tranvía llamado deseo", de André Previn, o el mítico tema "Summertine", de la ópera "Porgy and Bess" de George Gershwin.

La soprano estará acompañada por la Orquesta Titular del Teatro Real (Orquesta Sinfónica de Madrid), bajo la dirección de Jesús López Cobos. Dos días más tarde, Fleming ofrecerá el mismo repertorio en el Palau de la Música de Barcelona. "Es un repertorio en el que tiene cabida casi todo lo que hago", confiesa Renée Fleming, quien asegura que, si bien Mozart fue "la base" de su repertorio "hace muchos años", ahora lo ha dejado, prácticamente de lado, centrándose en Haendel -cuyas arias acaba de grabar en un disco-, y "sobre todo en Strauss". "Hago un poco de todo y todo lo que hago va muy bien con mi voz",

señala la soprano, quien no pierde ocasión para mostrar su admiración por Victoria de los Angeles y Montserrat Caballé.

"Victoria abrió mi repertorio al bel canto. Ella tiene el sol en la voz, es mi voz favorita. A Montserrat Caballé la admiro porque está cantando ahora a Massenet. Hace cinco años, los críticos me dijeron que tenía ese plazo, cinco años, para que se acabase mi voz. Ver a Caballé haciendo lo que hace, no deja de darme esperanzas", confiesa la cantante.

Siguiendo con su repertorio, Fleming asegura que no volverá a representar a Wagner y, aparte de dejar a Mozart durante un tiempo "en la nevera", hay otras óperas quiere dejar "aparcadas para cuando tenga la voz más madura", señala la soprano. Fleming tiene cerrada su agenda operística hasta 2010, lo que dificulta que pueda venir a cantar ópera en España, pues, aunque no lo descarta, también aclara que sólo canta ópera en Europa durante el verano, pues durante el curso escolar se ocupa de sus hijos.

"Esto de las agendas surgió en el Metropolitan de Nueva York, al contratar a Plácido Domingo y Pavarotti, porque basaban sus temporadas en esos dos cantantes. Ahora resulta temible hablar de tanta anticipación", confiesa esta soprano que no quiere contestar si en las próximas elecciones votará a Bush o a Kerry. "Mis opiniones políticas -recalca- son privadas".

Sin embargo, esto no le impide hablar de la guerra de Irak, "una contienda muy deprimente, con un grado de violencia inconcebible y que yo he vivido como adulta de forma muy estresante, porque cuando sucedía la guerra de Vietnam yo era más joven".

Si bien en Hollywood, "donde hay mucha gente de izquierdas" es fácil que los actores y músicos hagan públicas sus opiniones políticas, apoyando sin fisuras a algún candidato, esto no sucede en el mundo de la música clásica, como advierte Renée Fleming. "Lo vi claro -dice- cuando participé en el homenaje a las víctimas del 11-S y lo volví a ver en el concierto de aniversario. Cuando hay una crisis, se va en busca de la música clásica, más que de Madonnas y otros artistas contemporáneos, porque la música clásica representa autoridad y tradición histórica".

Renée Fleming no cree que el físico acabe alzándose por encima de una voz prodigiosa. "Una voz espectacular unida al esfuerzo es más importante que un físico". "Pero últimamente -aclara- hay un montón de preguntas sobre el peso del físico y yo les digo: ¿porqué no hacen una obra teatral? El público actual está acostumbrado al cine y la televisión y es, por tanto, muy visual, por eso existe la tendencia a representar el personaje de forma creíble. Yo, ahora, interpreto a una niña de 18 años y aunque está en mi límite, intento hacerlo creíble".

Renée Fleming, que antes de dedicarse a la ópera hizo sus pinitos en el jazz, está a punto de editar un disco "de jazz puro, no comercial" y en el que muestra una voz totalmente distinta, en la que nadie la va a reconocer, según dice esta soprano que cuando preguntó a alguien del mundillo qué fama tenía ella entre las divas de la ópera, le contestaron, "imposible de contratar, pero una vez contratada, no cancela".