Una siembra musical

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«Otoño Musical Soriano». Balada: «Dionisio. In memoriam». Chaikovski: «Sinfonía núm. 5». F. Valladares, narrador. Coro Filarmónico Magerit. Orquesta Filarmonía. Dires.: L. Balada y O. Alonso. Centro Cultural Palacio de la Audiencia. Soria, 13 de septiembre.

ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE

Diez años ha cumplido el Otoño Musical Soriano bajo la dirección musical de Odón Alonso. Él mismo ha sido coprotagonista del concierto inaugural de este año poniéndose al frente de la Orquesta Filarmonía para dirigir la quinta sinfonía de Chaikovski. Desde luego se trata de una obra asumida por el maestro Alonso hasta hacer creer en la automatización absoluta del gesto. Pero no es verdad. La batuta de Alonso recrea mil y un detalles, muchos de ellos desperdiciados en el camino por una orquesta con buena voluntad aunque falta de unidad y de un sonido hecho como para ser capaz de entregarse a un maestro que atiende y lleva en la sangre la expresión de algo puramente sensorial. Lo que el maestro Alonso es hoy capaz de ofrecer es una versión de la obra, en el mejor sentido del término, en la que el personal y contenido «tempo» cargado de intención, el detalle en el acabado de las frases y la capacidad para llevar el discurso hacia lo culminante exige flexibilidad y madurez instrumental.

Es natural que se tropezara antes en la «ambigua» cuadratura del vals que en el espíritu «con anima» del «Allegro» inicial pero, de verdad que escuchar a quien es artista antes que músico, por manida que resulte la expresión, siempre es, como mínimo, gratificante en el actual ambiente de homogeneización.

En la primera parte se escuchó el estreno de «Dionisio. In memoriam» de Leonardo Balada, obra encargada por el Otoño Musical Soriano para la pasada edición y finalmente interpretada en ésta. Fiel a la simbiosis sonora de su último y ya veterano estilo, Balada hace una recreación en la que quiere mezclar lo cotidiano y lo espiritual de la vida de Dionisio Ridruejo. Y así las palabras del poeta recitadas por Francisco Valladares, en un momento vocal poco brillante, y las glosas del escritor soriano Emilio Ruiz, a cargo del esforzado Coro Magerit. La impresión es que las palabras, el canto, las armonías yuxtapuestas, «glissandi», ostinatos y cromatismos, lo culto y lo popular convirtieron la sesión inaugural del Otoño Soriano en un algo lleno de noble voluntad, aunque a la postre esencialmente ecléctico.