Los Stones, en un momento del concierto histórico en Cuba - AFP

Habana de Viernes Santo con Sus Satánicas Majestades

En un concierto histórico, los Rolling Stones reunieron a decenas de miles de seguidores en la Ciudad Deportiva de La Habana

LA HABANAActualizado:

Vivo del otro lado de la bahía, a media Habana del estadio que albergará el concierto. Mientras espero el ómnibus, una procesión recorre las calles. Qué rara coincidencia. Será el Viernes Santo cuando ocurra en Cuba el advenimiento de «Sus Satánicas Majestades», grupo de rock con canción emblema titulada «Sympathy for de Devil». Me preguntó por qué estoy yendo. Nunca fui fan de los Rolling Stones y en el ayer hubo una seria pugna entre los «duros» y los «flojos». Los seguidores del clan de la lengua fuera y las bandas heavys contra los que preferíamos a los Beatles y los sinfónicos Pink Floyd, Génesis…

[Fotogalería: Así fue el concierto de los Rolling Stones en Cuba]

Entonces era como hoy: unidos por el fútbol, y divididos entre Barça y Real Madrid. Pero además de la pasión por el rock, nos hermanaba fuerte el inconveniente de ser mal vistos «por escuchar música americana y llevar el pelo como las mujeres». Por encima del gusto musical hay imperativos mayores. Me doy cuenta de que estoy yendo porque tenía que hacerlo. Porque si a mis cuarenta y tantos años todavía llevo los pelos largos es cuestión de revancha con el pasado. Porque a escondidas escuchaba la nihilista «Paint it black», aunque a viva voz dijera que prefería oír «Satisfaction» en el cover de los argentinos Jóvenes Pordioseros.

Cualquier prejuicio se desploma al entrar en la Ciudad Deportiva y escuchar los primeros acordes de Keith Richards y la voz estridente de Mick Jagger. Si fuera un flojo de verdad lloraría de emoción. Doy brincos, soy pura excitación, exclamo con ellos: «But I like it», en mi inconsciente dormían las letras de todas sus canciones.

Mick Jagger se mueve de un lado a otro, con más energía incluso que la mía. Estos tipos tienen que haber hecho de verdad un pacto con el Diablo. «Son inmortales», pienso. «Qué publico más chévere», dice Mick. «En otros tiempos no nos podían escuchar aquí, pero ahora estamos en La Habana. Parece que los tiempos están cambiando, ¿verdad?». Mi razón no discierne claro en este instante, pero grito que «sí».

Quiero creer que sí. Porque en mis sueños juveniles no cabía que llegaría a disfrutar en vivo a alguna de las grandes bandas. Lo que está ocurriendo delante de mis ojos me arrastra a la convicción de que la vida ha dado un vuelco, que los tiempos cambiaron ya. Nunca seremos los de antes. Divino regalo de Viernes Santo.

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