«El de los pizzicati»

Por ANTONIO IGLESIAS
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Por su reciente creación, el Cuarteto «Música en Compostela» sorprende muy de veras, dada la primordial claridad que imprimen a sus versiones, interpretaciones brillantes, de juveniles arrestos, cuidados ante el máximo respeto a la partitura que sirven con sus acreditados medios técnicos, sin descuidar el sello de lo personal que sobresale aún por encima de su general persecución de la fidelidad.

Sus componentes, tres profesores del Curso Universitario Internacional (Agustín León Ara, primer violín, Enrique Santiago, viola y Pedro Corastola, violonchelo), con un becario, constituido en elocuente representante del alumnado (Álvarez Losada, segundo violín), fueron capaces de ofrecernos en la tarde del lunes, en la monumental Capilla Real del Hostal de los Reyes Católicos de Santiago de Compostela, la más lograda traducción del «Cuarteto nº 5 («compostelano»), del madrileño Carlos Cruz de Castro, por él escrito como respuesta a la obra-encargo anual del curso.

Esta composición -la más reciente del catálogo de Cruz de Castro, difícil técnicamente que no por su significado- pudimos escucharla con una diáfana interpretación lo que no es normal cuando se trata de una primera audición mundial. Una «Muñeira» la abre sobre la rítmica peculiar del genuino aire gallego, con brillantez, con insistencia deseable, con momentos grotescos bien logrados, hasta su conclusión en una coda esplendorosa. Le sigue un dramático «Andantino (Pastorale)», suerte de marcha inexorable con suma libertad. Tras un trabajado «fugato», le sucede un «Manuetto», cuyo «Trío» resulta contraste bien obtenido, gracioso, cerrándose la obra con el ingenioso «Presto agitado» de corte virtuosista, sobre la oscilación de dos líneas urdidas con inteligencia. En definitiva, estimo que Cruz de Castro con este su quinto cuarteto de cuerda, intitulado «Compostelano» y que podrá distinguirse como «el de los pizzicati», enriquece notablemente su haber creativo.

Antes, abriendo el programa, admiraríamos una vez más la precocidad del vasco del siglo XIX, Juan Crisóstomo Arriaga, en su schubertiano «Tercer Cuarteto», quizá en momento más haydniano también, que asombró al París del tiempo de su composición (hacia 1824), y que el Curso compostelano acaba de editar en su colección de «Cuadernos», incluyendo el «Primero» de su brillante trilogía. Una segunda parte del concierto, aclamado por un público que entremezcla la profesionalidad de un alumnado con las gentes santiaguesas -éxito grande que se extendió con la concesión de dos «propinas»- se inició con la inefable «Oración del torero», de Joaquín Turina, garboso, matización correctísima, quizás con momentos un algo excesivamente lentos, seguida de las luminosas «Vistas al mar», de Eduardo Toldrá, el «mestre» por excelencia para todos los que le conocimos, acuarelas preciosas aludiendo a una mediterraneidad de índole descriptivista.