Philippe Jaroussky, en una escena de «Only the sound remains»
Philippe Jaroussky, en una escena de «Only the sound remains» - Elisa Haberer

Philippe Jaroussky, una voz sobrenatural en el Teatro Real

El contratenor francés protagoniza la ópera «Only the sound remains», de la compositora finlandesa Kaija Saariaho

MadridActualizado:

Cuenta Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real, que «Only the sound remains» (Solo el sonido permanece) -el título que se estrena el martes en el coliseo madrileño- «se compone de dos historias procedentes del teatro “noh” japonés y aparentemente independientes, pero interrelacionadas y atravesadas por elocuentes simetrías; ambas proceden del teatro noh japonés, son simples pero profundas, y nos hablan de la renuncia, de la pérdida y de nuestra relación con lo sobrenatural y lo espiritual».

«Only the sound remains» es una ópera «muy especial», añade Matabosch. Se estrenó en 2016 en De Nationale Opera & Ballet de Ámsterdam, uno de los cinco teatros que se la encargaron a la compositora finlandesa Kaija Saariaho -los otros cuatro son el Teatro Real, la Finnish National Opera de Helsinki, la Opéra National de París y la Canadian Opera Company de Toronto-. Está escrita solo para dos cantantes, una bailarina, un cuarteto vocal y siete instrumentistas, y cuenta además con sonidos electrónicos. Peter Sellars -uno de los más peculiares y geniales directores de escena del universo operístico- y el director musical del Teatro Real, Ivor Bolton, son los responsables de la producción, que interpretan el contratenor Philippe Jaroussky, el bajo-barítono Davone Tines y la bailarina Nora Kimball-Mentzos. Dos enormes lienzos de la artista etíope Julie Mehretu presiden el escenario.

Philippe Jaroussky (Maisons-Laffitte, Francia, 1978) es uno de los grandes contratenores de nuestros días; de su voz se ha dicho que es sobrenatural, y por ello encarna a un espíritu y a un ángel en esta ópera. Ya participó en el estreno holandés de la obra, y ahora está encantado de volver a cantarla y de hacerlo en el Teatro Real, escenario al que vuelve después de dieciocho años de ausencia. «Cuando estrené esta ópera, tuve que hacer mucho trabajo de memorización y me exigía una gran concentración. Ahora puedo cantarla con más profundidad, y he podido trabajar mejor con Peter Sellars y acercarme más a lo que él quería».

Pronunciar el nombre del director estadounidense e iluminarse el rostro de Jaroussky es todo uno. «Es muy raro encontrar un proceso de ensayos con tanta serenidad como estamos teniendo aquí; el mundo de la ópera es un mundo histérico, siempre nos parece que nos falta tiempo, hay prisas, cansancio y nervios. Pero en esta ocasión no siento presión y vengo feliz a cada ensayo. Es gracias a la música, claro, pero también a Peter Sellars».

«La ópera puede ser muy narcisista -añade el contratenor-. Si yo voy a cantar, por ejemplo, “Alcina”, de Haendel, tengo que demostrar que lo puedo hacer bien, porque antes que yo lo han cantado muchos otros. De algún modo tienes que demostrar algo, entras en una especie de competición; aquí no, yo he creado este papel y me siento muy confortable en él. Se compuso para mí, y eso me da una energía muy diferente a la que me dan otro tipo de papeles».

El hecho de participar en el proceso de creación de «Only the sound remains» es motivo de doble satisfacción para Jaroussky. «Me encantaría, cuando canto a Haendel o a Vivaldi, poder llamarles para ver cómo debo hacerlo...» Sí ha podido hacerlo, y aún más, con Kaija Saariaho. «Ella le había hablado de mí a Peter para un proyecto en el que estaban trabajando, pero no sabía que yo tenía ganas de hacer algo contemporáneo. Nos encontramos en Nueva York para que me escuchara directamente; canté su música y hablamos de lo que mi voz puede o no puede hacer... Trabajar con un compositor al lado te aporta mucho, ve posibilidades en tu voz que tú no percibes. Y eso se refleja en la partitura, así que un cantante puede descubrir, y yo lo he hecho, aspectos de su voz que desconocía».

Asegura el contratenor que «el mundo de Kaija Saariaho es único; tiene mucha personalidad. Cuando empezamos los ensayos para el estreno en Ámsterdam estuvimos una semana sin ella; cuando vino y nos escuchó, lloró, porque, nos dijo, era la primera vez que la oía desde que la compuso. Kaija es una mujer muy intelectual, tiene un gran dominio de las texturas, de la orquestación, pero es muy sensible también al aspecto físico y no es nada “integrista” con su partitura, acepta que los intérpretes puedan hacer algo ligeramente distinto a lo escrito. Yo agradezco mucho esta flexibilidad».

Sabe Jaroussky que la música contemporánea no es fácil de digerir. «El consejo que les doy a los que vengan al Teatro Real es que estén concentrados en los primeros minutos del espectáculo para escuchar a todos los instrumentos, todos los detalles, todos los efectos... Boulez decía que no se puede escuchar “Tristán e Isolda” mientras se cocina o se hace otra cosa. Y aquí ocurre lo mismo. La concentración es fundamental para entrar en el mundo nuevo que nos proponen Kaija y Peter».

«Cuanto más canto esta ópera, más me gusta; y eso me genera cierta frustración», asegura el cantante. «Si el público viniera a verla más de una noche, la disfrutaría más que si solo la ve una vez, y de ahí mi frustración. Kaija es un genio total; se acerca a Monteverdi en algunas ocasiones. Ella tiene una personalidad muy fuerte, no quiere imitar a nadie. Y componer es su vida, es feliz así; el éxito no es importante para ella».

Para un cantante, concluye Jaroussky, es una gran satisfacción conocer a gente como Kaija Saariaho o Peter Sellars. «A mí me hace pensar qué es verdaderamente el éxito; yo conozco actores con grandes triunfos pero con vidas muy tristes. Hace tiempo que me pregunto qué me hace feliz, qué quiero hacer en el futuro. Y mi encuentro con Kaija y con Peter me ha ayudado a llevar mi carrera de una manera diferente. Los cantantes nos despertamos cada mañana con la presión de la voz, de la función... Vamos siempre corriendo. Yo hace ya años que digo que voy a frenar el ritmo de actuaciones y hago precisamente lo contrario; pero estar con la serenidad con la que estoy viviendo los ensayos de esta ópera me hace tomarme la vida y mi carrera de otro modo».