«Paco de Lucía era una abeja de lo invisible, sacó miel de donde nadie lo había hecho hasta entonces»

Juan Manuel Cañizares estrena con la Orquesta Nacional de España «Al-Andalus», un concierto en homenaje al legendario guitarrista

MadridActualizado:

Fue Josep Pons, durante su etapa al frente de la Orquesta Nacional de España, quien le encargó al guitarrista barcelonés Juan Manuel Cañizares componer un concierto para guitarra. Estaba en esta tarea cuando recibió la noticia -«una losa»- de la muerte de Paco de Lucía. «Me vinieron a la cabeza los diez años que estuve trabajando y conviviendo con él -dice-. No podía pensar en otra cosa y quería que cada nota estuviese penetrada por su espíritu y por la tristeza, el vacío y el dolor que yo sentía por una persona a la que amaba». Desde la primera nota hasta la última, añade Cañizares, «como una cadena», el hilo conductor de «Al-Andalus» -el título de este concierto, que el viernes estrena la OCNE en el Auditorio Nacional- «es el sentimiento que tiene una persona cuando se le va alguien importante en su vida».

No sabe diferenciar Juan Manuel Cañizares la influencia que ha tenido Paco de Lucía en su vida de la que ha tenido en su carrera. «Es difícil saber si me ha dejado más huella como músico o como persona; no se sabe dónde acaba uno y empieza el otro, está todo entreverado -reflexiona-. Es como tratar de medir el amor, no es posible. El sentimiento personal es muy hondo, hemos compartido tantas horas, tantas vivencias, tantos viajes y escenarios... Me trataba como a un hermano pequeño, me aconsejaba... Eso es algo que nos unió entrañablemente, y eso pesa tanto como su música. Aunque, insisto, no puedo separar al músico de la persona».

El primer movimiento del concierto es un aire de bulería, que es muy representativo de Paco de Lucía, cuenta Cañizares; «El segundo movimiento es muy descriptivo -sigue-, y está transitado por la tristeza... Yo fui de los que llevó el féretro desde el Ayuntamiento hasta la Iglesia, y sentía todo el peso; no el peso físico, sin el del dolor, de la amargura. Curiosamente, cuando salimos de la iglesia ocurrió algo maravilloso: se abrió el cielo y lució el sol. Fue como si Paco nos estuviera diciendo a todos que siguiéramos para adelante. Todo eso está reflejado en la partitura; el segundo movimiento es una marcha fúnebre, que desemboca en una cadencia que es una taranta -un tema muy profundo que Paco interpretaba maravillosamente-, e hila con el tercer movimiento, unos tanguillos, un palo festero de Cádiz, que reflejan esa luz. Es un concierto que describe una vida y con un sentimiento, el dolor, que lo transita».

Componer esta pieza, confiesa el guitarrista, no fue tarea fácil. El dolor, precisamente, lo dificultó. «No estaba solo; estaba la presencia espiritual de Paco. Y ha habido muchos momentos de tristeza, que por otro lado ayuda, porque te hace ver que eso que estás componiendo, a lo que le das tantas vueltas para que suene como tú estás sintiendo, es algo que tienes que elaborarlo mucho, que trabajar mucho la expresión para que diga algo; porque si no, no tiene sentido. Ha sido complejo porque quería expresar mi mayor respeto, sentimiento y profundidad espiritual».

Hay también una responsabilidad, un deseo que querer hacerlo especialmente bien. «Ha sido el sentimiento lo que ha movido esta obra, su motor de arranque y lo que la ha mantenido; la responsabilidad ha sido sobre todo conmigo mismo, por ser auténtico y sincero. No siento que tuviera que dar cuentas a nadie sino a mí mismo y al aura de Paco de Lucía». «Al-Andalus» es una obra en la que Juan Manuel Cañizares se desnuda completamente. «No quería dejar ninguna nota académica; quería algo muy desnudo, que quien la interprete -otro guitarrista, incluso- pudiera, a través del ámbito que crean los motivos musicales, sentirse implicado. Y creo que he conseguido ser auténtico y sacar lo que en ese momento llevaba dentro, desde la tristeza hasta la alegría de saber que Paco, su música, su huella, no ha muerto, porque está en todos los aficionados al flamenco y a la música en general».

Paco de Lucía fue un artista incuestionable, que concentró un elogio unánime. «Él trascendía las notas -asegura Cañizares-. Paco supo excavar en la profundidad del arte con los sonidos, con la música. Y nos trajo al resto de los mortales un espacio, aspectos espirituales, que éramos incapaces de ver. Esa ha sido su mayor aportación; fue, como decía Rilke, una «abeja de lo invisible», que ha sabido sacar miel de donde nadie lo había hecho. La expresión de la guitarra cambió a partir de él.