El origen de las especies

CLÁSICASemana de Música Religiosa de CuencaBritten: «El diluvio de Noé». Int.: M. Gas, J. A. López, M. Martins, alumnos del Conservatorio Pedro Aranaz de Cuenca. Miembros de la Jonde y Orcam. Dir

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CLÁSICA

Semana de Música Religiosa de Cuenca

Britten: «El diluvio de Noé». Int.: M. Gas, J. A. López, M. Martins, alumnos del Conservatorio Pedro Aranaz de Cuenca. Miembros de la Jonde y Orcam. Dir. escena: F. Bernués. Dir. musical: E. Aragón. Lugar: Teatro Auditorio. Fecha:

31-III

ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE

Cuentan las viejas Escrituras que Noé embarcó con su familia y una pareja de cada animal; que navegó durante los cuarenta días que duró el diluvio universal y que todos repoblaron la tierra ya limpia de pecado. Hoy sabemos que es verdad y no asunto de leyenda. Lo hemos visto: al grupo de los justos, hijos y madre (algo cabezota antes de enfrentarse a la aventura náutica), además de a un zoológico de animales fantásticos cantarines y muy marineros. «El diluvio de Noé» es una ópera, escrita por Benjamin Britten. Se ha representado en la Semana de Música Religiosa de Cuenca que este año incluye algunas producciones de enjundia. Esta es una de ellas: bonita, sorprendente y emocionante.

A Gabriela Salaverri se le debe la creación de uno de las más increíbles faunas que imaginarse pueda. Conejos, camellos, ciervos y burros, gallinas y jirafas, pájaros y demás avés invadieron el auditorio de Cuenca con sus trajes multicolores y de inspiración africana. Hasta ahora se creía que juntos navegaron por aguas turbulentas, soportando una lluvia interminable. Siendo así, también es cierto que se lo pasaron estupendamente. No todos los días se tiene la oportunidad de admirar negros nubarrones formados por infinidad de botellas recicladas llorando gotas con el aspecto de botellines, ni de aprender que antes de ello, Noé era el encargado de un balneario, con su orquestina y su fuente de agua.

Afortunadamente ha llegado quien lo puede explicar. Luis Gago firma una extraordinaria versión española y el director Fernando Bernués le da sentido poniendo orden dentro del escenario, sobrado de imaginación y recursos. Como Emilio Aragón, que demuestra una especial destreza a la hora de mantener la serenidad e inculcar precisión musical a todos: trompetas por las alturas, niños flautistas en el foso, coro de mayores en la tribuna, músicos avezados y adultos, y otros más saltarines que salen y entran por entre las butacas. Es decir, el ejército de especies animales. Esas a las que tanto hace por defender esta ecologista producción. Que ya se dice que vendrá a Madrid en unos meses. Da pena que no sea mañana.