Frank y Jagger, durante el rodaje del documental
Frank y Jagger, durante el rodaje del documental - ABC

Orgías, drogas y rock and roll: el salvaje mano a mano entre Robert Frank y los Rolling Stones

El documental «Cocksucker Blues», censurado en su día por la banda británica, captura la escandalosa gira de presentación de «Exile On Main St.» en 1972

BarcelonaActualizado:

A principios de los setenta, justo después del atracón de todo lo imaginable que cristalizó en el sublime «Exile On Main St», los Rolling Stones eran un deportivo en llamas que sólo parecían ansiar una pared contra la que estrellarse. Los británicos acababan de demandar a su mánager, el ínclito Allen Klein, por nada menos que 29 millones de dólares, andaban a la greña con Decca, sello del que querían desligarse tras considerar que el directo «Get Yer Ya-Ya's Out!» daba por zanjada cualquier relación contractual, y sus correrías extramusicales rivalizaban con las bondades artísticas de álbumes como «Beggars Banquet», «Let It Bleed» y «Sticky Fingers». La grabación en la Costa Azul de «Exile On Main St», una orgía de rock and roll grasiento salpicado por todos los vicios imaginables, no fue más que la puntilla. La madre de todos los excesos y pieza clave en la mitología «stoniana».

Normal que a la hora de llevar el disco en directo, la gira no fuese más que la prolongación de aquel desenfreno con el que Mick Jagger y Keith Richards saludaron la llegada del turbulento 1972. «Podría escribir con todo lujo de detalle los escándalos y las orgías que presencié y en las que participé durante esa gira, pero llega un momento en que ya has visto tantos espaguetis sobre tapicerías de terciopelo, tantos charcos de orina caliente en moquetas mullidas y tales cantidades de órganos sexuales de los que manan fluidos a borbotones que se convierte todo en una especie de amalgama uniforme», recordaba el periodista Stanley Booth en su libro «Keith: Standing In The Shadows».

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Pues bien: ahí estaba Robert Frank, cámara en mano, para capturar con todo lujo de detalle los escándalos y las orgías que presenció. Tanto es así que «Cocksucker Blues», el documental resultante de tan despendolado mano a mano, jamás llegó a ver la luz de forma oficial. La banda le abrió todas las puertas para que rodara sin límite alguno y Frank se metió hasta la cocina. Literalmente. «Nunca he participado en nada igual. He estado de viaje con mucha gente extraordinaria en otras ocasiones, pero la energía siempre iba de dentro afuera, mientras que eso excluye completamente el mundo exterior: no salir jamás, no saber nunca en qué ciudad estás... No consigo acostumbrarme», explicó el propio fotógrafo durante el rodaje.

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Difícil acostumbrarse a tamaño circo ambulante de sexo, drogas y rock and roll en el que no parecía existir la intimidad: ahí estaba la cámara capturando desde orgías con groupies desnudas en el avión a consumo de estupefacientes sin freno. Normal que, a la hora de llevar la cinta de las salas de exhibición, a los Stones les entrase la flojera y decidieran vetar la cinta. Máxime después de que Richards fuese arrestado en 1977 en Toronto y la grabación fuese relegada a un circuito de grabaciones pirata en la que, dicho sea de paso, hizo su agosto hasta que en 2016, coincidiendo con su 35 aniversario, se recuperó en algunos museos y festivales de cine.

«Tedio, caos, orgías, nefandas sustancias, desacato a la autoridad y potentísimos temas clásicos en directo se amontonan en una cinta rodada mayormente en blanco y negro y emulando el estilo del cinéma vérité», tal y como anunciaba el In-Edit de Barcelona el año pasado.

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