La ópera aparca en el garaje

Ópera Garage presenta en Madrid su proyecto, que pretende acercar el género a nuevos públicos

Actualizado:

Rodolfo no es poeta, es un guionista cinematográfico; Mimí es una estilista de moda y Marcello un iluminador. No viven en las buhardillas del París bohemio de principios del siglo pasado sino en un garaje de nuestros días. Pero siguen siendo los protagonistas de «La bohéme», la inmortal ópera de Puccini, que llega a Madrid en una producción singular denominada Ópera Garage.

Se trata de una iniciativa ideada por Emiliano Suárez y Macarena Bergareche, que se puso en marcha en Bilbao en septiembre del pasado año, pasó después por Barcelona y ahora llega a Madrid; concretamente al garaje Aida (no lo había más adecuado), en la calle del pintor Juan Gris, donde se ofrecerán dos representaciones, hoy y mañana. El proyecto cuenta con el madrinazgo de Ainhoa Arteta, a quien los productores esperan poder comprometer para futuras representaciones (el próximo título será «Lucia di Lammermoor», en el mes de octubre).

Ainhoa Arteta, Emiliano Suárez y Macarena Bergareche
Ainhoa Arteta, Emiliano Suárez y Macarena Bergareche - Ernesto Agudo

«Tratar de acercar la ópera a nuevas audiencias, sacarla de su contexto y ofrecerla en un espacio alternativo, undergound, pero con la misma calidad con la que se presenta en un teatro». Ese es el credo de Emiliano Suárez, procedente de una saga de joyeros y tenor aficionado. Suya es la idea, la adaptación de la ópera y la dirección escénica (que comparte con la escenógrafa Ana Garay).

La obra se ofrece con acompañamiento de piano –el director musical es Borja Mariño– y sin coros, por lo que el segundo y tercer actos se ofrecen modificados. Mariola Cantarero, Shalva Mukeria, Manel Esteve, Ruth Terán, Javier Galán, Stefano Palatchi y Pedro Quiralte componen el reparto. Carola Baleztena firma el vestuario y Carlos Alzueta la iluminación.

A Emiliano Suárez se le ocurrió la idea el día que, visitando junto a Macarena Bergareche un garaje en Bilbao como posible escenario de una exposición de fotografías suyas, se arrancó con un aria operística y comprobó que tenía, asegura, «una acústica espectacular». Así fue como comenzó la aventura de Ópera Garage, un proyecto «arriesgado», dice, pero muy satisfactorio.

«El 35 por ciento de las personas que acudieron a las representaciones que hicimos en Bilbao -dice Macarena Bergareche, coproductora del proyecto- no habían visto antes “La bohéme” ni habían visto anteriormente una ópera. Esa es nuestra intención, abrir un género maravilloso a nuevos públicos».

«Hemos adaptado la ópera para traerla al siglo XXI -relata Suárez- y convertirla en un espectáculo muy visual. La escenografía es muy simple y se integra al espacio: un coche clásico es el principal elemento, junto a bidones oxidados, neumáticos, señales de tráfico... Los personajes pertenecen a una bohemia más acomodada que en la época de Puccini, y envuelta en un entorno industrial».

Tiene Suárez, asegura, una espinita clavada, y es la falta de apoyo, para estas funciones madrileñas, del Teatro Real, que no ha querido colaborar ni apoyar el proyecto, como sí hicieron la ABAO (Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera) y el Gran Teatre del Liceu en Bilbao y Barcelona, respectivamente.

En la agenda de los responsables de Ópera Garage están anotadas otras ciudades adonde llevar el proyecto: Las Palmas de Gran Canaria, Valencia, Pamplona o Santander son las primeras. «No debemos ponernos límites», sentencia Suárez.