ABC Odón Alonso

Odón Alonso, la inquietud de un maestro

JOSÉ LUIS GARCÍA DEL BUSTO/
Actualizado:

Proponen, en el Auditorio Nacional, un homenaje al director de orquesta Odón Alonso. Serán cuatro orquestas españolas -la Filarmónica de Málaga, la Orquesta Nacional de España, la Sinfónica de la RTVE y el Coro y Orquesta de la Comunidad de Madrid-las que se reúnan esta tarde para rendir un tributo al maestro y para interpretar partituras de José Luis Turina, Falla, Julio Gómez, Albéniz y Vives, dirigidas por batutas como las de Aldo Ceccato, Josep Pons, Adrián Leaper y Miguel Roa.

Odón Alonso -su figura musical, su personalidad humana- es uno de los argumentos que con más éxito puede unir a colectivo tan vario, porque toda su larguísima carrera se caracteriza por el constante servicio a la música española. Leonés, hijo de músico, tras formarse en Madrid continuó estudios en Italia y, especialmente, en Austria: Salzburgo y Viena. Por allí, evidentemente, no sólo anduvo haciendo currículum, sino que aspiró aquellos aires musicales con fuerza suficiente como para que algo quedara para siempre en sus poros: en efecto, Odón no sólo hacía -como todos los directores del mundo- el repertorio de aquellos países, sino que se sentía «en casa» -que no es lo mismo- haciendo desde Monteverdi hasta Puccini, pasando por Rossini; desde Mozart hasta Mahler, pasando por Beethoven y, por supuesto, por Schubert, cuya «Novena Sinfonía», la de las «divinas longitudes» era en su batuta un instante de gozoso transcurso.

Pero uno de los rasgos que mejor definen la carrera de Odón Alonso estriba en la constante inquietud, en la permanente actitud de abrirse (y abrirnos) a repertorios amplios en los que ocupa una parte importantísima la música de su (nuestro) tiempo. Fueron muy importantes aquellos conciertos de los años sesenta, en las Semanas de Música Religiosa de Cuenca, en los que Odón, al frente de la Filarmónica de Madrid de la que entonces era titular, hizo el estreno en España de todas las obras religiosas del último Stravinski. Del mismo modo, ya en los setenta, recuerdo la primera visita a Madrid del maestro Olivier Messiaen para seguir la preparación y el estreno en España de su monumental «Sinfonía Turangalila», en conciertos de la Sinfónica de RTVE dirigida por su entonces titular, Odón Alonso, y testigo fui de alguno de los sinceros elogios que Messiaen hizo de su intérprete: tan sinceros que, cuando muchos años despues Odón Alonso repuso la obra con la misma Orquesta, Messiaen también estuvo aquí para seguirla de nuevo.

Y, música española, toda. El maestro Odón Alonso ha interpretado la zarzuela y el género chico con clase, garbo y gracia admirables. En docenas, centenares de ocasiones ha dirigido los Albéniz-Arbos, casi todo Turina, casi todo Falla, Del Campo, Gómez, Guridi, Esplá, Rodrigo... y, junto a estos nombres «clásicos», siempre estuvo al lado de los jóvenes compositores con cosas interesantes que decir, afrontando con gallardía estrenos no ya en marcos con tradición de estar abiertos a lo nuevo, sino en ambientes reacios a ello y, por ende, proclives al rechazo e incluso a la respuesta airada: pienso en las «Microformas» de Cristóbal Halffter, o en «Imaginario II» de Luis de Pablo, o en «Selene» de Tomás Marco, entre tantísimas otras obras en las que se dejó las cejas para luego compartir silbidos y pateos con los autores que ahora le vuelven a abrazar entre los clamores del justísimo homenaje.