María José Montiel

Nuevos aires en la apertura del Festival de Música Contemponránea

Alberto GONZÁLEZ LAPUENTE
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Visto y no visto. En poco más de media hora quedaba inaugurada la decimoséptima edición del Festival Internacional de Música Contemporánea de Alicante: se rendía homenaje musical a Óscar Esplá, se presentaban los cuatro carteles que forman la muestra sobre el músico alicantino en el vigésimo quinto aniversario de su muerte, y se hacían las presentaciones. Llegan «aires de renovación», explicó Andrés Amorós, director general del Inaem, y, tras esta primera sesión de una serie que llegará hasta el 7 de octubre, habría que pensar en aires de calidad antes que de cantidad. En el mérito de lo que se inicia está la premura del tiempo con que se ha hecho y el bajo presupuesto de que se dispone.

Esto se dijo, bien es cierto que sin ánimo de justificar un programa inaugural escaso de música. Nos quedamos a solas con las «Canciones playeras» y el regalo final de la repetición de la preciosa «El pescador sin dinero», que María José Montiel volvió a interpretar mejor si cabe, sin recogimiento pero con una presencia sentida y cargada de intención. Se esfumó la posibilidad de recordar a Óscar Esplá a lo grande, a sabiendas de la necesidad de aprovechar cualquier aniversario, pues para bien o para mal gracias a estas fechas volvemos sobre nuestra historia, aunque sea a trompicones.

En resumen: inauguración de síntesis pero, al menos, con solvencia. Lo que hace suponer que a poca persuasión que se practique, quienes han de patrocinar se interesarán por relanzar esta muestra dedicada a glosar la «música contemporánea», un concepto que parece ser entendido por todos pero que pocos se atreven a definir. En la introducción del libro programa lo hace Jorge Fernández Guerra, director del Centro para la Difusión de la Música Contemporánea y del festival, con astuta elipsis literaria. También de ella habló en sus escritos Óscar Esplá al tiempo que con su inteligente arte se inventaba un folclore de fondo y sin guitarreríos que, además, resulta refrescante en épocas de nacionalismos primarios como la nuestra. Es obvio que su música sincera y expresiva es un consuelo sobre todo cuando a la verdad de las «Canciones playeras» se une el cariño de los músicos que forman la Joven Orquesta Nacional de España, las buenas maneras del director José Antonio Pascual Puy y la cautivadora presencia de, la ya mencionada, María José Montiel. En fin, una esperanza.