Norah Jones, durante su actuación en el Liceu de Barcelona
Norah Jones, durante su actuación en el Liceu de Barcelona - INÉS BAUCELLS

Norah Jones, melodías de seducción en el Liceu

La neoyorquina revisó su carrera en Barcelona y recuperó la pulsión jazzística arropada por Brian Blade y Chris Thomas

BARCELONAActualizado:

Empezó a acariciar el piano y, nunca mejor dicho, a romper el hielo con «Cold Cold Heart», despachó a los fotógrafos a las primeras de cambio para poder concentrarse en la melodía bamboleante de «Little Broken Hearts» y para cuando retrocedió un poco para repescar «What Am I To You» y «Those Sweet Words» ya había hipnotizado al público y se había metido hasta la última butaca del Gran Teatre del Liceu en el bolsillo.

Ni un año había pasado desde que firmó un triunfal mano a mano con las raíces del rock americano más esencial en el festival de Cap Roig y ahí estaba de nuevo, dando lustre al Suite Festival firmando otra pirueta estilística para desnudar sus canciones y regresar a esa fuente original del jazz que vio nacer a Norah Jones hace más de quince años.

El motivo de la gira, de hecho, era el mismo que el del pasado verano -la presentación de «Day Breaks», su último trabajo-, pero el tratamiento fue completamente diferente. Una nueva vuelta de tuerca marcada por la austeridad escénica, las canciones esqueléticas y las melodías forradas en terciopelo azul, color dominante en una iluminación extremadamente sobria, con la que la neoyorquina parece querer demostrar que sus raíces son mucho más profundas de lo que pueda parecer.

Y si no lo son, ahí están dos músicos portentosos como el el batería Brian Blade y el bajista Chris Thomas para aportar pedigrí jazzístico, envolver canciones como «Got To See You Again» con arabescos rítmicos y rotundos signos de exclamación y, en fin, arropar sobre el escenario a una Jones sobrada de voz y especialmente hábil a la hora de forzar desde el piano sugerentes y seductores diálogos entre el pop y el jazz.

De ahí nacieron, sin ir más lejos, algunos de los momentos más celebrados de la noche -la pegajosa y entrañable «Surprise», la intensidad contenida de «It’s Gonna Be», el guiño al Neil Young setentero de «Don’t Be Denied»-, pero tanto el formato como un generoso surtido de recursos estilísticos propiciaron otros puntos álgidos como la aproximación al blues de «Carry On», el desgarro de «I Knew It Was You» o la inevitable parada en una «Don’t Know Why» que, repleta de acentos e inflexiones renovadas cortesía de Blade y Thomas, echó el cierre a poco más de hora y media de paisajes sinuosos, canciones esenciales y arrebatadas melodías de seducción.