Norah Jones, junto a Brian Blade, en las Noches del Botánico
Norah Jones, junto a Brian Blade, en las Noches del Botánico - EFE

Norah Jones: la estrella complaciente del jazz

La cantante y pianista cerró la edición de este año de las Noches del Botánico con un concierto bonito, austero y breve

MadridActualizado:

Hace mucho tiempo que Norah Jones (Nueva York, 1979) repite eso de que quiere que su voz suene «como la de una persona mayor, más vieja». Como la de Billie Holiday, Etta James o Aretha Franklin, a las que oía de pequeña en el tocadiscos de su madre. «Supongo que la edad lo curará», dijo nada más publicar su debut, hace ahora 15 años. Pero bastó con escuchar anoche sus dos primeras canciones —« My Heart Is Full» y « Nightingale»—, para darse cuenta de que está lejos de conseguirlo.

Jones canta más suave y melódica, pero también perfecta. «Qué voz tan bonita», exclamaba una seguidora al arrancar « Street Strangers». Y puede que no tenga tanta originalidad y fuerza, pero posee uno de los timbres más bellos que ha dado el jazz de este siglo. Resulta extraño ver a una estrella de su envergadura, con más de 47 millones de discos vendidos, actuando ante solo 2.700 personas y sonando tan pausada, sencilla y austera. Nada de arengas. «Hola», «gracias», «os quiero» y ya. No hubo ni una sola palabra más en la escasa hora y 23 minutos que duró el concierto, donde nos mostró su cara más amable y alejada de las otras divas del pop entre las que la sitúan. Por eso renunció al Teatro Real y a parte de su caché —dicen—, para actuar en el Real Jardín Botánico de Alfonso XIII y ofrecer una velada más íntima y cercana. Sin parafernalias ni fiestas, como si de un pequeño club de Brooklyn se tratara, pero no de madrugada: aplauso, silencio, canción, aplauso, silencio, canción.

Canciones que Norah Jones interpretó en las Noches del Botánico
Canciones que Norah Jones interpretó en las Noches del Botánico- ABC

El público no se levantó de su asiento en ningún momento, aunque parecía embelesado con los temas. Jones tampoco se levantó de su piano. Una canción tras otra, sin pausas, fue esparciendo su magia en « It's Gonna Be», « Day Breaks» y «Begin Again», acompañada de tres músicos portentosos como Brian Blade (batería), Chris Thomas (bajo) y Pete Remm (órgano). Jóvenes con tanto talento como para haber tocado con algunas de las figuras más importantes de la historia del jazz (Chick Corea, Kenny Garrett, Wayne Shorter, Herbie Hancock) y con leyendas como Bob Dylan y Elvis Costello. Sabe rodearse, sin duda.

La actuación continuaba sin fallos, como un reloj suizo. En ocasiones emocionante y, en otras, solo correcta. « Cold Cold Heart», « Black» e « It Was You». Algunos de los asistentes que llenaron este último concierto de las Noches del Botánico echaban de menos algo de jeleo: «Está siendo todo demasiado tranquilo». Hasta que suenan los primeros acordes de «Sunrise» y llega la gran ovación de la cita. No se escucha el arpegio de la guitarra acústica, pero suena más bonita con esas notas de piano. «Es la que cantábamos tú y yo», recuerdan sonriendo dos amigas. «Sí, igualito», bromea una de ellas. Y llega el suspiro final con « I Got To See You Again» y la conocidísima « Don’t Know Why». Una ovación más y el festival por el que han pasado figuras como Elvis Costello, Serrat, Kraftwerk, Simple Minds, Rufus Wainwright y David Byrne se echa a dormir hasta el año que viene. «¿Se ha acabado ya el concierto? ¿Tan pronto?». Pues sí.