Maria Callas y Franco Corelli, durante el ensayo general de «Norma» en la Ópera de Roma en enero de 1958 - ABC

Las noches de furia de Maria Callas

En enero de 1958, la legendaria soprano abandonó a mitad de representación la Ópera de Roma tras los silbidos del público

MadridActualizado:

La noche del 2 de enero de 1958 la Ópera de Roma vestía sus mejores galas para la inauguración de su temporada. Maria Callas cantaba «Norma», de Bellini, junto a Franco Corelli, Giulio Neri y Myriam Pirazzini. Entre el público se encontraba el entonces presidente de la República, Giovanni Gronchi; actrices como Anna Magnani y Gina Lollobrigida; y la temida cronista social Elsa Maxwell, entonces la mayor crítica de la soprano griega (aunque más tarde se convertiría en una de sus amigas más cercanas).

No fue bien el primer acto, que incluye el aria «Casta diva», uno de los caballos de batalla de la Callas. Al caer el telón, la soprano fue despedida entre sonoros abucheos. No volvió a escena. Después de refugiarse, entre lágrimas, en su camerino, y escribir, con su propio lápiz de ojos, una nota de disculpa -que nunca se leyó al público-, abandonó el teatro y la representación hubo de interrumpirse.

El escándalo fue mayúsculo. Así lo recogía ABC. «La Prensa califica el acto como "el peor escándalo de la historia de la ópera italiana" (...) Las escuadras policíacas especiales contra motines han tenido que disolver a una muchedumble congregada en actitud hostil ante el hotel en que se hospeda la soprano Maria Meneghini Callas. Los manifestantes fueron perseguidos por los guardias, porra en alto, hasta en las calles laterales donde se habían refugiado. La presidencia del Consejo de Ministros ha ordenado una investigación en torno al incidente promovido por la soprano».

Y seguía la información: «Mientras transcurría la manifestación ante el hotel de la Callas, se anunció que la cantante había enviado al presidente de la República y a la dirección de la Ópera sendos mensajes de profundo sentimiento y disculpa por su actitud de anoche. El diputado socialista Luigi Renato Sansone ha formulado al presidente del Consejo de Ministros, Adone Zoli, una pregunta en relación con la interrupción de la primera función de la temporada de ópera en Roma como consecuencia de supuesta ronquera de la soprano. Dice Sansone: "Quisiéramos saber qué medidas piensa adoptar el Gobierno contra la dirección de la Ópera de Roma por su incapacidad para evitar se produjera un incidente tan inconveniente».

Al día siguiente, el hotel donde se alojaba la diva fue también literalmente sitiado por los periodistas, que trataron en vano de escuchar sus explicaciones. Las dio, en su lugar, su marido, Giovanni Battista Meneghini, que adujo una bronquitis que dejó sin voz a su mujer. Y algo podía haber de cierto, ya que Maria Callas, el 31 de diciembre, había estado en los estudios de la RAI para felicitar el año nuevo a los italianos con la interpretación, precisamente, de «Casta diva», y las corrientes de aire y el frío podían haber dañado su voz. Pero, se comentó, más dañaron a su ánimo los abucheos que a su garganta el frío.

La soprano, aún caracterizada como Cio-Cio-San, vocifera contra el agente Stanley Pringle
La soprano, aún caracterizada como Cio-Cio-San, vocifera contra el agente Stanley Pringle - mariacallasmuseum.org

Hasta un año después Maria Callas no habló del escándalo. Lo hizo en una entrevista en la revista «Life» y se justificó con estas palabras, recogidas en el reciente documental «Maria by Callas»: «No quiero que se me asocie con el mal gusto o la calidad insuficiente en el canto o la interpretación».

No es el único escándalo en el que se vio envuelta Maria Callas. El corresponsal de «La vanguardia» en Roma en aquellos años, Ángel Zúñiga, recordaba que un año antes de la «Norma» interrupta, la soprano tuvo un ataque de celos cuando el barítono Enzo Sordello, su compañero en «Lucia di Lammermoor», sostuvo más de lo debido una nota. Sordello fue despedido; teóricamente, por un acto de indisciplina hacia el director musical.

El 11 de septiembre de 1961, Maria Callas cantaba «Medea», de Cherubini, en la Scala de Milán, donde había cosechado grandes triunfos. La soprano se encontraba ya en franca decadencia y el público recibió su interpretación con abucheos y silbidos. Mediada la representación, la Callas mostró su coraje. En la ópera, Medea se dirije a Jasón y le reprocha su actitud: «Crudel! Crudel! Ho dato tutto a te» («¡Cruel! ¡Cruel! Te lo he dado todo»). La soprano lo cantó señalando al público de la Scala, con la mirada encendida y el puño desafiante. Fue el suyo un acto de rebeldía ante la injusticia de un público al que había regalado momentos irrepetibles de arte a lo largo de más de una década.

Pero si hay una imagen reveladora del carácter indomable de Maria Callas es la que muestra a la soprano, todavía caracterizada como Cio-Cio-San, la protagonista de «Madama Butterfly», increpando a un agente de policía. Corresponde al 17 de noviembre de 1955. La soprano acababa de cantar en Chicago la ópera de Puccini. Todavía estaba aplaudiendo el público, cuando un oficial de justicia llamado Stanley Pringle se acercó a la Callas, aún entre cajas, y le entregó un requerimiento judicial con la demanda de su anterior representante, Eddie Bagarozy, que le reclamaba 300.000 dólares.

La airada reacción de la cantante fue fotografiada por un reportero, y la imagen dio la vuelta al mundo, ahondando en la idea del difícil carácter de la Callas.

Esta imagen contrasta con el recuerdo que la mezzosoprano madrileña Teresa Berganza (junto a Alfredo Kraus, la única cantante española que coincidió con la Callas en el escenario). Así contaba su experiencia hace tan solo unas semanas: «Al principio estaba asustada. Pero me dijo que le llamara Maria y le tuteara. Es la artista más profesional y más seria que yo he conocido. En aquella producción tenía que bajar unas escaleras a toda prisa. Ella no veía bien, y entonces todavía no llevaba las lentillas. Así que se iba a las nueve de la mañana al teatro y las bajaba veinte veces... Era, además, una mujer generosa. En esa ópera, yo tenía un aria que cantaba junto a ella y que terminaba de espaldas al público y en su regazo. Me aplaudieron mucho, y ella me decía. “Date la vuelta, que esos aplausos son para ti”. Y no quería hacerlo estando ella, así que me tomó de los hombros y me giró para recibir el aplauso del público».