La música, la única revolución permanente en Cuba

Los músicos se sitúan a la vanguardia de la apertura y el diálogo en la isla caribeña

MADRIDActualizado:

No era un concierto más, sino todo un símbolo. La imagen de los Rolling Stones el pasado 25 de marzo ante una multitud en La Habana tiene un poder casi semejante a la del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, pisando suelo cubano. Porque hubo una época en que la música cantada en el idioma del «imperio» estaba allí prohibida.

«Es un sueño hecho realidad», comenta Alain Pérez, bajista y compositor nacido en Trinidad y residente en España. «Sobre todo para aquellos cuya vida en su momento fue limitada y controlada. Ser rockero, tener el pelo largo, llevar una camiseta de un grupo, la extravagancia... todo eso era peligroso. La generación que vivió aquello ha visto algo que era impensable».

La música en Cuba es mucho más que un entretenimiento. Es algo que circula por las venas de todos sus habitantes, que marca el ritmo diario de sus ciudades y sus campos. Un arte que llegó a través de la influencia africana y española y que ha tomado mil acentos diferentes, un hecho sin parangón en el planeta al ocurrir en un espacio geográfico tan pequeño comparado con otros universos musicales como Brasil o Estados Unidos. «El cubano todo lo hace con música. La señora está lavando y baila, cocina y baila... Cualquier excusa sirve para hacer una fiesta», comenta Alain Pérez.

El ritmo en el corazón

De hecho, la apertura ya se había dejado sentir en el trabajo de los músicos antes que en el resto de la sociedad. A diferencia de aquellos que se marcharon en décadas anteriores, desde los años noventa el músico que se iba a trabajar fuera de la isla ya no era un traidor, y no tenía que convertirse en exiliado político, como ocurrió con tantos otros o como seguía ocurriendo con, por ejemplo, los deportistas. Podían salir y entrar de su tierra con más o menos libertad, sobre todo si no expresaban opiniones contrarias al régimen. «La época tan fea de si estabas con nosotros o con el enemigo que vivieron Celia Cruz, Paquito D’Rivera o Bebo Valdés ha cambiado mucho, sobre todo desde que llegó en 1997 como ministro de cultura Abel Prieto», explica Pepe Rivero, pianista de jazz también cubano y vecino de Madrid.

«Hasta ese momento había que pagar una cuota al gobierno cubano si querías trabajar fuera». Sí encontraban problemas a la hora de entrar en Estados Unidos: «Como estábamos en la lista de estados terroristas, en la aduana siempre nos pasaban al cuarto de personas sospechosas, y eso que yo iba con pasaporte español. También nos ponían muchas trabas para darnos los visados. La última vez que fui, ya con Obama, no tuve ningún problema».

En esta misma idea abunda Barbarito Torres, laudista y miembro de Buena Vista Social Club, formación que actuó el pasado martes, 4 de abril, en el Auditorio del Fórum de Barcelona. «Nosotros siempre hemos viajado a EE.UU. desde que el proyecto nació, y nunca hemos tenido problemas, siempre hemos gustado mucho allí. Pero ahora están viajando a Cuba estilos y grupos que nunca lo habían hecho, y eso es bueno. Hace falta hermanar las culturas de todos los pueblos».

Incluso esta banda protagonizó el pasado 15 de octubre otra jornada de importancia trascendental, aunque no tan publicitada como el recital de los Stones. Eliades Ochoa, Omara Portuondo, él mismo y el resto de la formación actuaron en la Casa Blanca, con un repertorio cuajado de viejas melodías, como «Dos Gardenias», «El Cuarto de Tula» o «Quizás, Quizás: «Un momento histórico, cómo no. Por primera vez en cincuenta años ocurría algo así, y lo hicimos nosotros. Fue un miniconcierto de treinta minutos y luego vino el presidente a retratarse con nosotros. Un hombre muy jovial, muy sencillo y con un gran carisma».

Chucho Valdés será el siguiente, el 29 de abril, compartiendo cartel con Aretha Franklin, Herbie Hancock, Chick Corea, Wayne Shorter, Buddy Guy, Diana Krall, Esperanza Spalding y otras estrellas convocadas por la Unesco. Recordamos que el guitarrista norteamericano Ry Cooder fue multado en 2003 por la administración Bush con 100.00 euros por formar y dar a conocer al mundo a Buena Vista Social Club: se saltó el bloqueo económico impuesto por su país.

Abrir fronteras

Otros músicos, sobre todo procedentes del mundo del jazz, conseguían mantener el puente cultural abierto a base de pequeñas estratagemas. «Gente como Dizzy Gillespie o Herbie Hancock llegaban a través de terceros países, como México», cuenta Pepe Rivero . «Yo mismo pude ir a actuar a EE.UU. con mi grupo cuando estudiaba en La Habana a través de los llamados intercambios culturales, que sí estaban permitidos. Eso sí, no podíamos cobrar y teníamos que dar alguna master class para justificar el viaje».

«No soy escéptico, intento ser lo más realista posible», opinaIván «Melón» Lewis, pianista de jazz procedente de Pinar del Río que desembarcó en España en 1998. «Voy mucho a Cuba porque tengo familia allí y no sé hasta qué punto hay una apertura de posiciones políticas, hasta qué punto todo esto está llegando a la gente de la calle. Entiendo que se están dando pasos que llevan tiempo que se consoliden. A día de hoy los problemas de mis padres y de mis hermanos siguen siendo los mismos».

Sin embargo, esa relación que a partir de ahora será más fluida entre artistas «es muy positiva, porque cualquier creador necesita confrontar, intercambiar ideas. Van a ponerse al día los dos países. Algo que se cortó hace muchos años es hora de recuperarlo». Él mismo, a pesar de que reconoce que en su juventud ya estaba más flexibilizado el acceso a ciertas músicas, se dio cuenta aquí de sus lagunas. «Me hablaban de Pink Floyd y no los conocía. Me decían: «¿Pero de dónde sales tú?».