La soprano Sylvia Schwartz
La soprano Sylvia Schwartz - JAVIER DEL REAL

La música creada en el campo de Terezin emociona en el Teatro Real

La soprano Sylvia Schwartz dedica una velada a las canciones de los judíos apresados

MadridActualizado:

El ciclo «Bailando sobre el volcán», organizado por el Teatro Real en torno a los estrenos de las óperas «El emperador de la Atlántida», «Brundibár» y, sobre todo, «Moisés y Aarón», concluye el jueves con un recital muy especial protagonizado por la soprano Sylvia Schwartz, escenificado por Gustavo Tambascio, con textos de Juan Mayorga y en el que Blanca Portillo actuará como narradora. Su título es «Música en Terezin» y en él la soprano cantará obras de autores como Pavel Haas, Hans Krása, Adolf Strauss o Víktor Ullmann. Todos ellos pasaron por el campo de concentración nazi de Terezin, y allí crearon estas obras.

De familia de diplomáticos, Sylvia Schwartz ha escuchado desde pequeña historias relacionadas con aquel período. Su abuelo, Juan Schwartz Díaz-Flores, embajador en Viena, aprovechó un edicto de la época de Miguel Primo de Rivera –que había expirado en 1931, aunque los nazis no lo sabían– para otorgar el pasaporte español a numerosos judíos sefardíes. «Y también a otros judíos que no lo eran –relata la soprano–. Tenían un número muy limitado de permisos, pero duplicaban los números y les añadían una letra. Se formaban unas colas interminables delante de la Embajada. Mi padre –el economista Pedro Schwartz– tenía seis años entonces, y recuerda cómo una mujer le puso unas joyas en la mano y le suplicó: “Dáselo a tu padre. Por favor, que nos salve a mí y a mi familia”».

«Theresienstadt», el nombre alemán del campo checo en el que los nazis confinaron a miles de judíos, acogió a un gran número de músicos, que siguieron creando en condiciones penosas. «Había conciertos todas las noches –relata la soprano–, tenían cuatro orquestas, grupos de cámara, un conjunto de jazz, a pesar de ser cosiderada por los nazis “música degenerada”; seguían haciendola de modo muy hábil».

«Espero que este concierto sea especial no solo para mí, sino para todos los que vengan a escucharlo, porque el trasfondo es conmovedor –continúa Sylvia Schwartz–. La situación en la que estaban los compositores que escribieron estas canciones y quienes las interpretaron entonces es escalofriante; cómo pudieron mantener el ánimo dentro del infierno en que vivían…».

Cuando la voz se quiebra

¿Se puede contener la emoción en un concierto así? ¿No se quiebra la voz? Sonríe la soprano… «¡Qué pregunta! Hay una grabación del último concierto –confiesa– en que canté estas canciones, y se puede escuchar cómo en la última canción, que es una nana, se me quiebra la voz en las dos últimas notas. No hay corazón que se resista al pensamiento de que quien compuso esta nana se la cantaba todas las noches a los niños del campo de concentración. Ella, Ilse Weber, era enfermera de noche en el campo, la cantaba cada noche y, cuando se llevaron el último tren con niños desde Terezin a Auschwitz, ella se ofreció voluntaria para ir con ellos, entre otras cosas porque en el tren iba su hijo. Nada más llegar los enviaron directamente a la cámara de gas… Es una nana que no se puede cantar sin tener delante la imagen de esta mujer, su bondad, su caridad… Ella, como muchos otros, trataron, como se refleja en la película “La vida es bella”, que los niños de Terezin vivieran con la mayor normalidad posible. Les enseñaban música, participaban en obras de teatro, continuaban con su educación como si estuvieran en el mejor de los colegios… ¡Claro que se te quiebra la voz!».

La música adquiere en ese momento para la soprano una dimensión diferente. «Siento una conexión especial con el compositor, con el letrista, y con el pensamiento y el sentimiento de las personas que vivían en esa época. Siempre se hace cuando se canta, pero con este repertorio mucho más. Es como si estuvieran escuchándome. Ellos escribían música para que no se perdiera su historia, para que no se olvidara lo que habían vivido. Y nosotros estamos haciendo lo posible por cumplir su voluntad».