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Mísia: «Con ese fado pop que hay ahora corremos el peligro de la banalización del género»

La cantante portuguesa inaugura hoy con «Pura Vida» el Festival de Fado de Madrid

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A las puertas del Mirador de Santa Catarina, en el corazón de Lisboa, un precioso gato mira por la ventana mientras su dueña lo acaricia. Estamos en casa de Mísia, que afina los detalles previos a su concierto de hoy en Madrid. Una dama de la canción que abre elFestival de Fado, fiel a su cita cada año bajo la organización de Everything is New, en colaboración con el Ayuntamiento.

Completan el cartel de una edición completamente femenina Katia Guerreiro (sábado 23) y Carminho (domingo 24). La exquisita Mísia imprime su sello de clase a la heterodoxia en clave del arquetípico género musical del país vecino, pero con un diálogo permanente en dirección a otros estilos: del tango a la «chanson». De padre portugués y madre española, no cesa de inundar el escenario de connotaciones y sentimientos, en un carrusel que parte de su alma y se proyecta con espíritu teatral en su nuevo, «Pura vida», un espectáculo que debuta precisamente aquí.

—¿Por qué ha elegido Madrid para el arranque de su gira?

—Se llama «Pura vida» y creo que eso encaja muy bien con esta ciudad porque tiene fuerza, energía. Lo sé de sobra, pues viví en ella hace muchos años. Primero en un hostal de la Puerta del Sol y después en la Gran Vía. Conozco, por tanto, el Madrid, Madrid.

—¿Qué recuerda de aquella etapa?

—Era el Madrid posterior a la Movida. Por las mañanas, me gustaba ir a tomar churros a la chocolatería de San Ginés [Risas]. Solía cantar cada mañana en el programa de Jesús Hermida. Es una ciudad fantástica, muy festiva. Y eso es importante para mí. Además, ya he cantado de todo en Madrid, así que ahora quería presentar algo nuevo.

—Y, ¿cómo es la Mísia de 2018?

—Pues mira, «Pura vida» tiene un repertorio de 12 fados y dos inéditos. He trabajado con el pianista Fabrizio Romano, que ha creado unos arreglos muy cinematográficos. La formación incluye piano, violín, clarinete bajo y guitarra portuguesa.

—A juzgar por el título de la gira, debe usted sentirse en un momento vitalista.

—Bueno, este espectáculo tiene que ver con la vida y, sobre todo, es la antítesis de ese fado pop que hay ahora. Porque no puede tocarse con batería, corremos el peligro de la banalización del género. Ese fado con pastel de nata. En realidad, el problema no es la batería, son los arreglos. Yo siempre voy a contracorriente, voy en mi corriente. Veo a muchos cantantes empeñados en recalcar que hacen un fado alegre para que la gente dé palmadas. Y ni es triste ni es alegre, es profundo: todo está dentro de él.