Miriam Fernández, la joven con parálisis cerebral que no para de cumplir sus sueños

Cuando nació en 1990 le diagnosticaron una enfermedad que le iba a impedir andar. Desde pequeña cambió las lágrimas por sonrisas y decidió pelear por sus sueños, animando a otros a hacerlo también. Conferenciante, actriz y cantante, ahora se estrena como escritora con «Los cometas de Miriam»

Actualizado:

A Miriam Fernández (Madrid, 1990) le diagnosticaron una parálisis cerebral al nacer que le iba a impedir andar. Con el «esfuerzo, amor y entrega» de su familia, lo logró. Desde pequeña cambió las lágrimas por sonrisas y decidió pelear por sus sueños, animando a otros a hacerlo también. Conferenciante, actriz y cantante, ahora se estrena como escritora con Los cometas de Miriam (Oberón).

Empecemos por el principio: unos padres adolescentes, a los que le he oído agradecer «la oportunidad de vivir»…

En unas circunstancias negativas, me dieron la oportunidad de vivir. Cuando se dieron cuenta de que no tenían medios suficientes para hacerse cargo de mí, me dieron en adopción a una familia estupenda que ellos ya conocían y sabían que me iba a dar todo lo necesario y más.

Le diagnosticaron una parálisis cerebral que le impediría andar. Ahí entra su familia de adopción, ¿cómo es de importante?

El diagnóstico fue muy negativo: me dijeron que no iba a poder caminar nunca, que si acaso a los 15 años me arrastraría por el suelo usando los codos. En esta nueva familia, la familia Fernández, me convierto en la pequeña de siete hermanos. Todos se ponen manos a la obra para que me mueva y, a los 4 años, doy mi primer paso y derribo el diagnóstico. Con esfuerzo, amor y entrega se pueden conseguir muchas cosas.

Cuenta que se encontró acoso de compañeros y cierto paternalismo…

Cuando era pequeña me costaba un poco sentirme diferente, me hacían ver que era algo negativo. Pero a los 10 años o así descubrí que la respuesta no estaba en los demás, sino en mí. Si era la primera que no estaba a gusto conmigo misma, ¿cómo iban a estar los demás a gusto conmigo? Empecé a no dar tanta importancia a mi discapacidad, sino a luchar por mis sueños. Cuando se metieran conmigo, en vez de devolver una lágrima, devolvería una sonrisa. Luego, si un adulto trata a una persona con discapacidad como «pobrecito, ¡ay, qué lástima!», es lo que inculca a sus hijos sin querer. Es fundamental educar no en la integración, que supone incluir algo que está fuera, sino en la convivencia. Cada uno tiene sus diferencias y de todos se puede aprender. Yo también cambié la pregunta: en vez de preguntarme tanto «¿por qué a mí?», pasé al «¿para qué soy así?».

Dice que «la vida no es esperar a que pase la tormenta, sino aprender a bailar bajo la lluvia». ¿Su para qué es enseñar a bailar a otros?

Mi para qué llegó a los 14 años cuando, en el mismo día, a mi padre y a mi hermana les da un infarto cerebral. Mi hermana dicen que no va a salir de ahí, que va a morir… Supera esa noche y se queda con una hemiparesia en la parte izquierda de su cuerpo. Era la única de mis hermanos que podía ayudarla desde la experiencia. Vi que mi discapacidad iba a ser una herramienta para ser mucho más feliz, al servicio de los demás. Las barreras no son un escalón o una cuesta, sino el miedo. La parálisis cerebral más grande que existe es el miedo.

¿Entra Dios en la ecuación?

Como doy conferencias para muchos tipos de público, no suelo entrar ahí. Pero es verdad que he recibido una educación cristiana y, sobre todo con 14 años, cuando todo pasó a la vez, me apoyé mucho en rezar. Tengo una relación especial con la Virgen, la considero mi Madre y, cuando no sé qué hacer, rezo avemarías y me calma mucho.

Campeona de España de natación, ganadora de Tú sí que vales, conferenciante, actriz de la compañía de Blanca Marsillach, concursante de La Voz, ahora escritora… ¿Qué ha sido más difícil?

Cuando decidí que me quería dedicar a estas cosas, había gente que me decía que no lo hiciera porque el mundo de las artes es muy complicado, que no iba a tener oportunidades laborales. Como siempre he sido muy cabezota, confiaba en que iba a dar sus frutos. Al terminar Tú sí que vales tuve un mánager, pero no fue bien por cuestiones económicas y empecé una etapa sola ante el peligro, de escuchar tantos noes y aun así decir que sí. Seguí haciendo canciones, grabé un disco, me puse a estudiar un montón y llegó la oportunidad de Blanca Marsillach… Con el libro ha pasado un poco lo mismo. Llevo diez años dando conferencias de motivación, en las que encuentro muchos para qué. Me puse a escribir y no tenía editorial pero, a raíz de una entrevista, me contactó una editora y, como tenía esas ganas, aquí está. Hay que trabajar en el sueño, no rendirse. Siempre llega, igual no de la forma que esperamos. De pequeña soñaba con llenar estadios, pero luego me he dado cuenta de que el verdadero éxito reside en levantarse cada día sabiendo que estás donde quieres estar, haciendo lo que quieres hacer y rodeado de la gente que quieres.

¿Qué proyectos tiene ahora?

En ese momento en el que me dijeron que no iba a recibir papeles en el mundo de la interpretación, me puse a escribir teatro. Un premiado director de cortometrajes fue a ver la obra y le gustó. Me han ofrecido desarrollar esa historia corta y escribir una película, en la que tendré una pequeña participación como actriz. Además, me he puesto a preparar mi segundo disco.