Mike Oldfield, en su casa de Nassau
Mike Oldfield, en su casa de Nassau - ABC
Música

Mike Oldfield: «En la música moderna todo es tecnología y mentiras»

El guitarrista británico vuelve a sus orígenes con el disco «Return To Ommadawn», que entró directo al número uno en la lista de ventas española

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A principios de febrero, un viejo veterano dio la sorpresa desbancando a Melendi del número uno en las listas de ventas tras cinco semanas de dominio indiscutible. Fue nada más y nada menos que el legendario Mike Oldfield, que ha dado con la tecla para la satisfacción de sus fans volviendo a sus orígenes, a los tiempos de «Ommadawn» (1975), el tercero de una trilogía de clásicos –«Tubular Bells» (73), «Hergest Ridge» (74)– que fusionaron el rock, la música clásica, e incluso antes de que se acuñasen, la new age y la world music.

Compuesto, interpretado, mezclado y producido por Oldfield en el estudio de su casa en Las Bahamas, «Return To Ommadawn» es un álbum dividido en dos largos actos, centrado en el sonido acústico de los 22 instrumentos (entre los que se incluyen mandolina, guitarras, contrabajo, bodhrán, tambores africanos y flauta irlandesa) que él mismo ha interpretado. Con la emoción de las grandes ocasiones, llamamos a su hogar en la capital del país caribeño, Nassau, para que nos cuente cómo ha sido este regreso a sus raíces.

Creo que la decisión de volver a Ommadawn surgió de una encuesta en las redes sociales.

Sí, les pregunté a mis fan a través de Facebook cómo debería ser el siguiente disco de Mike Oldfield, y hubo una gran mayoría que pidió un regreso a aquel disco.

Es curioso, pensé que las redes sociales no le harían mucha gracia.

¿Y por qué demonios no iban a gustarme?

Pensaba que se fue a vivir a Las Bahamas precisamente para aislarse un poco del mundo.

¿Así es como te gustaría que estuviera, aislado?

No, no me malinterprete, era sólo una impresión. Siguiendo con el disco... la composición, la grabación, la mezcla, todo el proceso tuvo lugar en Bahamas. ¿Crees que el entorno de la isla afectó de alguna manera a su forma de trabajar?

No, en absoluto. Sigo teniendo la misma habilidad que tenía hace 40 años, da exactamente igual donde esté, trabajo siempre igual.

Pero sí hubo algo que pasó en Nassau y que afectó a la grabación: un huracán.

Mmm, veo que estás bien informado. Sí, estaba terminando el disco cuando llegó. Se cortó la electricidad en toda la isla, incluso nos quedamos sin internet. Suerte que tengo un generador, lo tuve funcionando durante tres semanas sin parar. Ahora me he convertido en todo un experto en generadores, sé que pueden funcionar durante cuatro días y entonces hay que rellenarlos de gasolina. Tenía un tanque enorme lleno de gasolina, pero lo gasté entero y tuve que ir a una gasolinera a por más. También tengo una antena especial de comunicaciones por satélite en el tejado de mi casa, y así es como pude enviar el álbum a mi compañía de discos. Tardé dos días enteros en enviarlo por completo.

El álbum suena muy artesanal, sin sobreproducción, ¿ese fue su concepto de partida?

Sí, esa fue mi intención, que todo fuera muy orgánico, natural, incluso imperfecto. Casi todas las partes del disco se grabaron en una sola toma. Todo en este disco trata del sentimiento, del lado humano de la música.

La imperfección siempre es bella.

Sí, yo también lo creo. La idea, además, también surgió de los fans. En Facebook les pregunté a través de otra encuesta si querían un disco más sintético o más humano, con imperfecciones, y ganaron los que querían un disco humano. Eso me encantó, porque creo que en la música moderna todo es demasiado perfecto. Si coges a cualquier cantante moderno, seguramente suenen maravillosamente bien en sus discos, pero es porque han grabado cuarenta, sesenta u ochenta tomas para quedarse con la mejor, y después la pasan por la ingeniería de Pro-Tools, tomando un trocito de aquí, otro de allá, uniéndo trocitos de forma artificial haciendo que todo suene perfecto... pero demasiado perfecto. Claro, la gente luego lo escucha y dice «¡wow, qué voz, cómo canta!», pero no es real. Además, los cantantes de hoy en día no trabajan solos, tienen un inmenso equipo de personas trabajando para ellos, compositores, ingenieros, arreglistas, productores... Al final no escuchas el arte de una persona, sino de sesenta. Todo va sobre la tecnología, sobre la mentira, sobre ciertas formas de editar la música con el único objetivo de gustar a todo el mundo, de hipnotizarlo. La gente termina oyendo productos de diseño, no arte. Es muy triste, y por eso he querido hacer algo real en este disco.

La tecnología puede dar alas a la mediocridad en la música, desde luego.

Sí, pero lo peor no es eso, es la propaganda, la manipulación a la que se somete a los oyentes para que entren en un juego en el que todo está determinado por el juego financiero, no por el arte. Tienen a docenas, cientos de personas haciendo estudios de mercado para poder convencerte de que la música que crean es la que necesitas.... Diciéndolo de otro modo, la música moderna no tiene nada que ver con Bob Dylan y su guitarra, por ejemplo (risas). Y a eso es a lo que me he querido acercar con «Return To Ommadawn».

Ha tocado más de veinte instrumentos en el disco, ¿cuál ha sido el más difícil, y cuál el que más ha disfrutado?

Buena pregunta. En realidad no hubo ninguna parte difícil, fue todo muy disfrutable. Lo más trabajoso fue recuperar mis dedos, porque hacía mucho tiempo que no tocaba, varios años. Así que mis dedos se habían vuelto demasiado suaves y tuve que volver a hacer callo. Empecé a practicar escalas, acordes, e improvisé durante al menos una hora al día durante tres meses antes de empezar a trabajar a fondo. Y me he dado cuenta de que tengo que tener cuidado con mis dedos, porque ya no volverán a ser tan fuertes como solían ser. Pero como decía, todo ha sido muy disfrutable, también porque me hice con unas pantallas gigantes en las que podía ver todos los fragmentos de cada uno de los dos actos sin tener que estar haciendo scroll en una pantallita de ordenador. Eso facilitó mucho las cosas. En este caso la tecnología me ha hecho un favor, porque jamás hubiera podido hacer este disco sin ella. ¡Esas pantallas no existían hace diez años (risas)!

Portada de «Return to Ommadawn»
Portada de «Return to Ommadawn»

¿Quién hizo la portada? Es muy tolkienesca.

Sí, me alegra que le veas ese punto. La inspiración vino de «Juego de Tronos». También pregunté por el tema de la portada en Facebook y la gente volcó un montón de ideas, algunas realmente buenas. Pero al final quise plasmar una imagen que fuera todo lo contrario al lugar donde vivo, con nieve y montañas, y me vino la imagen a la cabeza después de ver varios capítulos de la serie de un tirón. Le propuse la idea a uno de los diseñadores de mi compañía y todo pareció encajar muy bien.

¿Le gustaría presentar el disco en directo?

No, de ninguna manera. Necesitaría unas veinte copias de mí mismo (risas).

Pero podría hacerlo con una orquesta dirigida por usted.

Mmm... Es una idea, pero creo que sólo estaría dispuesto a hacerlo con la Orquesta Sinfónica de Euskadi, como aquella vez que presenté «Music of the Spheres» en el Museo Guggenheim hace ya casi diez años. Fue una maravilla.

Lo sé, tuve la suerte de estar allí.

¿De verdad? ¡Increíble! Fue una de las mejores cosas que he hecho en mi vida. Quizá podría hacer un concierto a través de internet, con ellos tocando en el Guggenheim y yo participando desde mi casa, a través de una pantalla. No me apetece mucho salir de aquí (risas).

Termino con una pregunta incómoda. ¿Cree que después de aquella trilogía de lo setenta perdió la perspectiva como artista?

Sí, porque el mundillo de la música se volvió en contra de mi forma de hacer música. En la industria empezaron a aparecer tipejos malencarados, muy agresivos y sin sensibilidad, y pensé que el mundo se había vuelto loco. Mi música empezó a ser despreciada más y más, y llegó un punto en el que no tenía sentido publicar más discos instrumentales, porque hubieran sido brutalmente atacados. Empecé a volverme más mainstream, a escribir canciones como las que podría haber escrito cualquier otro. Así que sí, perdí la perspectiva como artista. Fue entonces cuando me llegaron éxitos como «Moonlight Shadow». Por eso, si «Return to Ommadawn» fuese un éxito de ventas me sentiría extraordinariamente satisfecho. Sería como si el público me diese permiso para volver a ser el que era antes, para volver a ser el Mike Oldfield de los años setenta.