Vídeo: Vea las imágenes del concierto que ofrecieron en Madrid - ATLAS

Metallica, heavy a la vieja escuela para la crisis de los 50

El cuarteto presenta «Hardwired... to Self-Destruct» en Madrid y Barcelona

Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

El metal sí es país para viejos. Así lo demuestran las canas y arrugas que exhiben los miembros de los pocos grupos que aún siguen llenando estadios igual que Justin Bieber o Lady Gaga. Todos están mayores, sí, pero muy en forma. Los músicos de metal desarrollan músculos inactivos para el resto de los mortales, y los veteranos con décadas de giras planetarias a sus espaldas son verdaderas ametralladoras de notas, especialmente cuando se trata de ejecutar thrash metal, esa subespecie que Metallica engendró junto a otras leyendas como Slayer, Anthrax o Exodus.

El mérito de la creación de Metallica, allá por el año 1981, puede adjudicarse al baterista Lars Ulrich. Hijo de un inmigrante danés afincado en Los Ángeles, el joven Ulrich no encontraba a nadie con quien tocar en su vecindario, así que puso un anuncio en un periódico local buscando «músicos con los que tocar versiones de Tygers of Pan Tang, Iron Maiden y Diamond Head». Contestó un tal James Hetfield, guitarrista de Leather Charm, y juntos grabaron la primera canción de Metallica, «Hit the Lights». En 1982 la primera formación se completaría con Ron McGovney al bajo y Dave Mustaine a la guitarra. Pero ninguno de los dos duraría mucho en la banda.

Ese mismo año, poco después de lanzar su primera demo («Power Metal»), Ulrich y Hetfield vivieron una experiencia religiosa en un concierto de la banda Trauma. No podían apartar los ojos de su bajista, un tal Cliff Burton que se comía el escenario mientras sacaba líneas imposibles a su instrumento. No lo pensaron dos veces: pusieron a McGovney de patitas en la calle y Burton se convirtió en nuevo miembro de Metallica.

La primera ruptura

La salida de Dave Mustaine, mucho más traumática, se debió a las drogas. No fue por abusar de ellas, cosa que hacían todos, sino a que se convertía en un «auténtico gilipollas» cuando las consumía. Era un guitarrista extraordinario y ya estaban a punto de grabar su primer disco, pero Ulrich, siempre determinado a alcanzar el éxito, prefirió no poner en riesgo el futuro del grupo y lo despidió sin miramientos en abril de 1983. En su lugar entró Kirk Hammett de Exodus, que ya nunca dejaría su puesto hasta el día de hoy.

Quien sí dejó un terrible vacío en el grupo fue Burton, que murió tres años después en un trágico accidente de tráfico durante una gira por Suecia. Fue un duelo difícil de superar para sus seguidores, que veían a Burton como un «Dios del bajo», pero un par de meses después se organizó una audición para encontrar sustituto y el puesto se lo llevo uno de ellos, un fan llamado Jason Newsted. Imaginen cómo tuvo que torcerse la trayectoria de Metallica para que fuera él mismo quien abandonara el barco. En 2001, hastiado por las constantes peleas entre Hetfield y Ulrich y decepcionado por una madurez musical endeble y sin rumbo definido, Newsted hizo las maletas dejando a la banda sumida en una grave crisis.

¿Cuál fue la salida del atolladero? Regresar a los orígenes, al metal «old school», contratar a un bajista pintón como Robert Trujillo y volver a rockear como veinteañeros. Es lo que llevan haciendo desde 2008, y lo que sin duda ha hecho que se agoten las entradas de su gira española. Porque los cincuentones del metal tienen ganas de marcha.