Mecano: Las piezas vuelven a encajar
Mecano, jovencísimos pero ya triunfadores - ABC

Mecano: Las piezas vuelven a encajar

Fue uno de los grupos emblemáticos de aquellos años de la Movida, aunque realmente el trío siempre fue por libre

madrid Actualizado:

Les bastaron tan solo cinco palabras, «hoy no me puedo levantar», para abrirse de par en par las puertas del Olimpo del pop español. Y otra, Mecano, para construir un mundo propio, muy personal, totalmente intransferible dentro de nuestra música. Inimitables, que se dice.

Aquellos años, aquel 1981 concretamente, con el susto de Tejero, las cosas no estaban como para tomarse un descanso dominical. Madrid generalmente era una fiesta y no vale la pena acordarse del lado sombrío, incluso tenebroso de algunas noches, algunos esquinazos, algunos choris, y algunos camellos que pondrían los pelos de punta a Yul Brinner, y que te podían hacer una cruz de navajas por un quítame allá esa china.

Aquel era un Madrid de colores e incluso alguna parte de su movida de colorines, retales de Sepu y Galerías Preciados combinados con desparpajo («Busco algo barato», ya saben que cantaban los Cano Brothers y la Torroja), y aunque no lo crean, oficialmente los bares no cerraban tan tarde como ahora.

Pero siempre había una fiesta donde colarse (aunque lo de «la cocacola para todos» era un eufemismo que solo podía resultar creíble en la voz de Ana), un ratito para ir al baño a ponerse el maquillaje (o cualquier otra cosa), coger de amanecida un tren para Venus o para La Bobia que a veces venía a ser lo mismo, y hasta encontrarse, en aquellos servicios que ¡oh, cima de la liberación sexual! chicos y chicas a menudo compartíamos, darse de bruces hasta con alguna mujer contra mujer.

El mocerío, en la calle

Era un Madrid que ya tenía metido su voto en la urna para el cambio socialista, y era un Madrid donde el mocerío se había echado a la calle para disfrutar hasta hartarse de la libertad por la que generalmente habían luchado sus hermanos mayores.

Una ciudad que Mecano adoraba, una ciudad en la que te levantabas perdido en tu habitación, una ciudad de neón, como si todo el mundo anduviera comiendo chuches aunque luego resultara que eran otra cosa. Mecano eran el optimismo, el lado bueno de aquel asunto que fue la Movida, con Nacho dándole a las teclas como un Rubinstein al que le hubieran enchufado a la corriente eléctrica.

El trío vendía discos como churros, más o menos como los de la Chocolatería de San Ginés, y enlazaba sencillo tras sencillo hasta hacerlos de oro, en el sentido literal de la palabra. No, no señor, no había marcha en Nueva York y había que pasarse por el Dos de Mayo, para ver las estrellas de la Vía Láctea y las notas escritas sobre el Penta. Mecano no eran malasañeros, eran más como de Orense, José Abascal, Ríos Rosas y por ahí. Pero hasta los que corríamos detrás de los Mamá, de los Secretos, de Nacha, de los Trastos... no nos importaba echarnos de vez en cuando una de sus canciones al tocata. Podrían parecernos petardos, pero daban unas ganas de vivir.

Eran tres piezas de imaginación, diversión, buen rollo

José María, Nacho y Ana eran tres piezas que encajaron en un Mecano repleto de imaginación, de buen humor, de ingenuidad, de diversión, de buen rollo.

Musicalmente, aquello no era la bomba (con el tiempo sí llegarían A firmar canciones de enjundia) pero en ellos todo resultaba creíble, nunca impostado, natural, eran como un caramelo, un dulce, y a veces el envoltorio es más bonito que el regalo.

He de confesarlo, hasta que los vi en Las Ventas en septiembre de 1992 yo nunca habia sido de su cofradía. Y no porque al trío se le tuviera por pijo (casi toda la movida era de familia de ley y orden), pero me tiraban más las patillas y las chupas. Pero allí, en Las Ventas, me pareció ver algo fascinante.

Era como volver a Marisol y la Dúrcal pero a lo bestia. No deja de ser curioso, o desolador, que cuanto más años pasan, mayor me parece el mérito de Mecano. Su juventud era la mía. Pero yo la había perdido y ellos parecía que no. Hoy tampoco me puedo levantar, pero por otras razones. Pero ellos sí. Porque el Mecano nunca llegó a oxidarse del todo. Con aquellas piezas encajaron los mejores años de nuestra vida.