Maroon 5, el peor concierto de la historia de la Super Bowl

El espectáculo de la banda liderada por Adam Levine no estuvo a la altura, y fue muy criticado en las redes sociales

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Nunca ha habido tanta unanimidad respecto a un concierto de la Super Bowl: el del pasado domingo fue el peor de la historia de este partido. Los encargados de ponerle música al descanso del encuentro entre los Patriots y los Rams fueron Maroon 5, una banda vapuleada por la crítica desde el primer hasta el último disco, pero que siempre ha venido contando con el favor del público... hasta ahora.

La actuación musical más vista del planeta demanda algo especial, bombástico, y lo que hicieron el cantante Adam Levine y los suyos no lo fue ni de lejos. Subieron a un escenario en forma M para arrancar el espectáculo con «Harder to breath» y «This Love», así sin más. Sin bajar volando desde lo alto del estadio, sin una escenografía que quitara el hipo. Solo con llamaradas y unos fuegos artificiales. Decepción total.

Con Levine cantando como si fuera un joven lleno de nervios en una audición de La Voz, sin fuerza ni el menor carisma escénico, la banda pareció un pastiche rockero de lo más cutre. Suerte que estaba por allí Bob Esponja para arreglar el estropicio. El dibujo animado apareció en las pantallas gigantes para hacer un homenaje a su creador Stephen Hillenburg, quien falleció el pasado 26 de noviembre. Llegó entonces el turno del rapero Travis Scott, que al menos sí intentó generar algo de expectación simulando llegar en un meteorito creado con proyecciones de laser. Interpretó «Sicko Mode» con una pobre potencia de sonido, y durante unos instantes se unió a Maroon 5 sin que aquello resultase del todo, pero al menos consiguió levantar un poco más al público, al que se lanzó al terminar la actuación.

Después Maroon 5 cantó «Girls Like You» acompañado de un grupo de góspel y un grupo de percusión, pero la escena resultó chirriante a más no poder. Mucha gente en el escenario para muy poca enjundia. Levine bajó entonces a la pista para cantar «She Will Be Loved» mezclado entre el público, pero ni siquiera eso ofreció imágenes de euforia, ni mucho menos algún detalle (preparado o no) que pasase a la historia. Sí, unos drones formaron la palabra LOVE en el aire, pero eso ya está más que visto.

Para cuando apareció el rapero Big Boi, el público ya intuía que lo mejor del esperadísimo espectaculo del intermedio de la Super Bowl sería el dinamismo. La logística funció bien y no hubo ni un segundo de interruopciones. Solo faltaría. Adam Levine y los suyos volvieron para cantar «Sugar» y «Moves Likes Jagger», sus hits de mayor alcance global, y aquello parecía un concierto cualquiera. Con maniobras de manipulación de masas de concierto cualquiera: Levine decidió quitarse la camiseta y lucir pecho en la noche de frío polar que hacía en Atlanta, provocando los consabidos gritos de histeria mientras él decía: «Me importa una mmmm....», sin terminar de darle aire a la cosa con un poco de irreverencia. Un taco en la Super Bowl. Eso sí hubiera sido digno de ver.

Tras la actuación, las redes sociales estallaron con miles de críticas al grupo y al show en sí mismo. Como decíamos, con una unanimidad pasmosa.