EFE  Markus Hinterhäuser, ayer en Madrid

Markus Hinterhäuser dotará de «discurso político» al Festival de Salzburgo

Hinterhäuser interpreta hoy, dentro del ciclo Músicadhoy, la integral de las sonatas de Galina Ustvolskaya, una compositora «al margen de cualquier tendencia estética»

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SUSANA GAVIÑA

MADRID. Markus Hinterhäuser (La Spezia, 1959) admite que no se lo pensó mucho, que fue «inmediata» su respuesta cuando le propusieron asumir la dirección musical del Festival de Salzburgo a partir de 2007, colaborando junto a Jürgen Flimm, que sustituirá a Peter Ruzicka como director artístico a partir del próximo mes de octubre. «Era una oportunidad que se presenta una vez en la vida. Algo muy seductor». El pianista, que visita Madrid para interpretar, por primera vez en España, la integral de las sonatas de la compositora rusa Galina Ustvolskaya, afirma que igual que disfruta en su faceta de intérprete, también lo hace cuando se trata de organizar conciertos, «porque es otra manera de comunicar», y que puede resultar muy interesante, «fundamentalmente si se hace en el marco de un discurso político y estético». En cuanto a cuál será su papel -se ocupará de la programación de los conciertos y recitales- y si su incorporación al Festival puede suponer una revolución, se muestra cauto. «Las revoluciones son relativas. Y los parámetros en Salzburgo son muy precisos. Aunque se puede levantar la temperatura y hacer un discurso más profundo».

Admiración por Barenboim

Para el pianista, nacido en Italia -es hijo de madre italiana y padre alemán-, pero formado en Austria, resulta «anacrónico que la gente vaya a Salzburgo sólo a escuchar a la Filarmónica de Viena». Y añade: «No sólo se trata de hacer conciertos muy bellos, sino que hay que dotar al Festival de un sentido más profundo. Que se produzca en él una situación dialéctica entre lo contemporáno y lo clásico, por citar un ejemplo». La intención de Hinterhäuser es que cada año el evento gire alrededor de un tema determinado, «que en mi primer año de programación, el 2007, será un discurso político sobre la situación de Oriente Medio».

El músico no oculta su admiración hacia Daniel Barenboim, para él un ejemplo de este compromiso que va más allá de la música, «y que es claramente político». Y cita su labor con la orquesta West-Eastern Divan, donde ha logrado reunir a músicos árabes y judíos. «Y lo importante no es la gente que va a los conciertos a escucharles, sino la comunicación que fluye entre los propios músicos».

Hinterhäuser parece un hombre al que le gusta asumir grandes retos. Si bien ahora se plantea lograr que Salzburgo no sólo se convierta en la meca donde el lujo y las ropas elegantes se den cita en verano; durante sus años como intérprete también se ha caracterizado por afrontar importantes aventuras musicales. Aunque empezó en el campo de la música clásica, se ha especializado en compositores contemporáneos como Scelsi, Feldman o Galina Ustovolskaya, a la que el ciclo Músicadhoy ofrece hoy un homenaje en el Auditorio Nacional. «En los últimos años he encontrado la posibilidad de encontrar en el corazón del sonido. He encontrado unos lenguajes donde me siento capaz de comunicar algo. Mi intención -añade- es hallar un camino de entendimiento que va desde lo clásico a lo contenporáneo, y al revés. Un camino de ida y vuelta».

«Es una compositora que ha vivido una situación personal y política sin parangón -explica el pianista-. Tiene una entidad propia y nunca se ha sometido a ningún compromiso externo. Ha permanecido ajena a cualquier tendendencia estética». La compositora, ya octogenaria, vive actualmente en San Petersburgo, ciudad que raras veces abandona. Poco dada a las entrevistas y a las fotografías, no es amiga de que se analice su obra, con la consiguiente dificultad de los intérpretes para abordarla.

Hinterhäuser recuerda que tan sólo una vez ha podido verla en persona, «apenas veinte minutos en un hotel de Viena». Lo suficiente para dejarle un CD con la grabación de la interpretación que sobre sus sonatas había realizado. El pianista ha intentado bucear en su obra y ha llegado a sus propias conclusiones, «que pueden estar equivocadas o no», admite. De ella afirma que «tiene un fondo extremadamente religioso, pero no como Messiaen -matiza-, porque en éste era positivo, y en el de Utsvolskaya es como un reino oscuro y pesimista, que me recuerda a los primero iconos rusos». Y señala una paradoja: «su obra es tan intensa que crea un mundo de silencio».