MIichael Plasson, dirigiendo a la Orquesta del Capitolio de Toulouse EFE

Magia negra

PABLO MARTÍNEZ PITA
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Bill Whyman´s Rhythm Kings + Solomon Burke. Lugar: Campo de Fútbol de Villalba (Madrid). Fecha: 4-VII-03

El viejo Whyman dejó a los Rolling Stones compuestos y sin bajista porque quería divertirse y no formar parte de lo que consideraba una gran máquina de hacer dinero. Pues parece que ha conseguido su objetivo. Se ha rodeado de unos excelentes músicos, los reyes del ritmo, para embarcarse en giras y conciertos en los que ofrece una serie de standars del rock y el rhythm and blues para deleitar a su público y deleitarse a sí mismo.

Como en los tiempos de su legendaria banda, permanece en un segundo plano, distante, excepto cuando canta algún que otro tema o cuando presenta a sus acompañantes. La exultación la ponen otros, como el incansable Mike Sánchez, que, desde su piano eléctrico, con traje impecable y tupé inamovible no paraba de soliviantar a las masas. Así, entre temas de Chuck Berry, Nina Simone o Louis Jordan, pasándose la voz cantante unos a otros, transcurrió el divertido concierto ofrecido por el antiguo Stone, con un público bailón y muy agradecido.

Pero nadie podía prever lo que estaba a punto de arrollarlo todo. Un espectáculo de soul como los de la edad dorada de este tipo de música. Al fin y al cabo, él fue uno de sus protagonistas. Después de un par de temas para que los acompañantes de Solomon Burke dejaran claro que forman una banda inmensa (en número y calidad), apareció, con una capa roja, el llamado «obispo», seguido de hijo e hija y de Mister Love. Este último era un hombre de color con un traje de color, que repartía rosas a las mujeres, según indicaciones del propio Solomon («sólo a las mujeres»).

De una personalidad enorme, sentado por cuestiones de edad y de peso, ofreció una verdadera fiesta a los allí reunidos. Mucho teatro, mucho ritmo, mucho amor que este predicador lanzaba por doquier con sus discursos y sus recuerdos a Barry White, fallecido ese mismo día. Una nueva ración de clásicos de la música popular, más algunas canciones del disco que lo ha lanzado de nuevo a la fama: «Don´t give up on me». En los últimos compases del show dejó, o mejor dicho, subió, a un buen número de espectadores al escenario para que bailaran a su alrededor, todo ello mientras su vozarrón seguía inundando Villalba. La magia negra del soul se apoderó de todos los presentes, gracias a las bendiciones de una leyenda resucitada, entusiasmada de estar de nuevo entre sus feligreses.