Laurent López, en su taller. Jaime García

Madrid, sede del primer congreso hispano-francés de luthiers

Durante este fin de semana se celebrará en Madrid el primer congreso hispano-francés de maestros luthiers, en el que se acercarán experiencias con la celebración de tres conferencias, una exposición de violines y arcos, así como una visita a los Stradivarius del Palacio Real, en un intento de dar a conocer en nuestro país este difícil trabajo artesanal.

CARLOS GALINDO
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MADRID. La agrupación francesa de luthiers celebra en el Instituto Francés de Madrid el 43 congreso, organizado por el maître luthier Laurent López, al que se ha invitado a unirse a la asociación española. Los luthiers galos desean así iniciar un nuevo marco de relaciones con sus colegas españoles y dar un nuevo impulso a la asociación de luthiers españoles, a la vez que se quiere hacer llegar el mensaje a las autoridades competentes españolas con el fin de que la asociación española pueda recibir toda la atención necesaria a su objetivo de conservar y promover este oficio de luthier en España, cuyos profesionales están coordinados por Laurent López, además de llegar igualmente al conocimiento del gran público.

-¿Qué es un luthier?

-Es un título simbólico que demuestra unos ciertos conocimientos adquiridos, además de la capacidad de enseñar a los demás. Digo simbólico porque es importante que uno se sienta aprendiz durante toda su vida. Es un artesano al servicio de la música que colabora con el artista, le ofrece la herramienta, el equilibrio que necesita para expresarse.

-¿Es difícil llegar a aprender esta técnica?

-Una vida no es suficiente. Cuanto más crecemos más preguntas nos hacemos y, cuando se despejan un poquito las dudas, podemos conseguir un violín que suena bastante bien y que gusta.

-¿Cuánto tiempo se puede tardar en construir un violín para que suene perfectamente y pase a la historia?

-Depende mucho del luthier y de lo que le toca vivir con sus músicos, pero digamos, la madurez llega a los 30 ó 40 años, para realizar trabajos que emocionen a los demás.

-Un violín es un instrumento pequeño y delicado, que está construido por numerosas piezas...

-Exactamente son 72 piezas de madera ajustadas y encoladas puestas bajo tensión y presión máxima. Llevo 20 años en esto y me asombro cuando veo que esta cajita de 35,7 centímetros de largo llega a emocionar a todo un auditorio como si fuera el mismísimo Pavarotti. Es pura magia. Hay un hecho asombroso que se debatirá en este congreso, y es que ya los grandes maestros de los siglos XVI y XVII aplicaban principios arquitectónicos, geométricos y matemáticos para su construcción, como pueden ser el número de oro o la «catenare» tan fundamental en la construcción de puentes. Esto puede parecer hoy en día principios básicos, pero demuestra que ellos tenían una gran sabiduría y dominio del saber y de las herramientas.

-¿Cuántos maestros luthiers hay en España?

-Miembros de la asociación son 30; y entre aficionados y profesores serán unas 80 las personas que viven o rodean el mundo del luthierismo.

-¿Qué se pretende conseguir con este congreso?

-Para el mundo de la luthieria en España va a ser un aliciente, una nueva energía que proponen los colegas franceses para dar una nueva dirección a los trabajos de la Asociación, animarles para que se repitan acontecimientos de este tipo. Básicamente porque España se ha abierto en muchos ámbitos; hay una política musical muy fuerte y nos sentimos un poco retrasados para afrontar estos problemas. Quiero mencionar el intrusismo que hay en la profesión, no hay un título para ejercer, sin embargo un violín se puede destrozar o se puede reparar como el ser humano, y necesitamos sensibilizar a la clientela, al público en general y a las autoridades. Una escuela estatal de luthier es lo que necesitamos, pero con un control, por supuesto, de todo el gremio, que de momento no tiene mucha voz.