MADRID CON LONDRES

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CLÁSICA

Veranos de la Villa

«Novena Sinfonía» de Beethoven. Intérpretes: Orquesta de la Staatskapelle de Berlín y Coro de la Staatsoper de Berlín. Director: D. Barenboim. Solistas: A. Denoke, S. Schröder, T. Moser y A. Vinogradov. Lugar: Plaza Mayor, Madrid. Fecha: 15-VII

ANTONIO IGLESIAS

La música, de la mano prestigiosa de Daniel Barenboim, se asoció a los actos de repulsa de la espantosa tragedia terrorista ocurrida recientemente en Londres, con este gran concierto celebrado en la monumental Plaza Mayor de Madrid, repleta de público, en el que tomaron parte los prestigiosos profesores de la Staatskapelle de Berlín, las voces del Coro de la Staatsoper de la capital alemana, un excelente cuarteto solista, singulares intérpretes de la obra bien escogida para la gran sesión: la «Sinfonía número 9 en Re menor, Op. 125, «Coral»», de Ludwig van Beethoven, grandiosa partitura de todos los tiempos que, como es sabido, incluye en su final la célebre «Oda a la alegría», de Schiller, tornado hoy en himno de la humanidad.

La batuta, grande como nunca (en una estimación artística de logros, pero también respecto a su propia dimensión), llevó la obra, ni que decir tiene en cuanto a una seguridad absoluta y a la eficacia del mando, sino a la obligada amplitud gestual que hizo tantas veces empapar el sudor del gran director, en una tarde de insoportable calor madrileño... Naturalmente que, como siempre, el aire libre es el enemigo número uno del concierto -excepción hecha de la banda- y los veintitantos micrófonos bien repartidos entre la maraña de profesores y cantores alemanes, si aumentaron una intensidad original, no serían capaces de hacerlo con la exigible propiedad de la sala de conciertos.

Aun así, aplaudimos la versión de Barenboim, estimándolo dentro de su advertido gesto magistral y dominador, con acentos personales, no por ello apartados de las líneas tradicionales que imperarán por siempre en la colosal «Novena» beethoveniana.

Solamente elogios se merece el cuarteto solista: la soprano y la mezzo alemanas Angela Denoke y Simone Schröder (nunca me fue dado escuchar a la última con mayor nitidez, debido indudablemente a una coincidencia favorable de un micrófono), el tenor norteamericano Thomas Moser y el bajo ruso Alexander Vinogradov. Y como el trabajo del director y preparador del coro, Eberhard Friedrich y Robert Heiman, se denotó insuperable, ello fue causa del enriquecido y enorme triunfo de jornada tan memorable.