Lorenzo Ramos, director del Coro Nacional de España: «La voz humana es el instrumento por excelencia»

SUSANA GAVIÑA FOTO: JOSÉ LUIS ÁLVAREZ
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El músico, que dirige hoy a la Orquesta de la Comunidad de Madrid en Alicante, explica a ABC cómo ha sido su trayectoria hasta ahora y cuáles son sus retos para el futuro. Su mayor deseo: dirigir un día junto a su padre, Jesús López Cobos

MADRID. Su nombramiento ha pasado casi desapercibido, pero con él se refuerza otra piedra angular del proyecto de Josep Pons como nuevo director artístico de la Orquesta y Coro Nacionales de España (OCNE). Su nombre, Lorenzo Ramos, comienza a sonar en el medio musical, avalado por su seriedad en el trabajo. A pesar de su corta trayectoria, «tan sólo han pasado seis años desde que deje Viena», ciudad donde estudió dirección de orquesta, los pasos que ha dado este músico de aspecto tranquilo y reflexivo han sido sólidos y seguros: director asistente de la Joven Orquesta Nacional de España durante un año, director artístico y musical de la Escolanía del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial durante otros cuatro, y en la actualidad director titular de la Joven Orquesta de la Comunidad de Madrid.

-¿Qué supone para usted este nombramiento?

- Para mí es un reto y algo muy ilusionante a nivel personal, además de un logro y un orgullo que hayan pensado en mí porque llevo tan sólo seis años en la profesión.

-¿Cuál es el proyecto que le ha transmitido Josep Pons para el CNE?

-Su idea es que hagamos una renovación a fondo, que se dinamice el coro, algo así como mover la alfombra. Es decir, que aquello se despierte y desarrollemos un trabajo más dinámico.

-Sus comienzos fueron precisamente en un coro...

-Empecé a cantar -por desgracia- a los 16 años, porque me hubiera encantado ser niño cantor. Luego hice piano y me fui a Viena. Allí tenía pensado estudiar dirección coral, disciplina que comparte dos años con la dirección de orquesta, por la que finalmente me decidí aunque en realidad son dos actividades que compagino. Mi padre empezó también en la dirección coral, y era un excelente director de coro, esa formación de cantor viene muy bien porque conoces las voces, el respirar, el fraseo... Eso es fantástico. Pero también quiero continuar con la dirección de orquesta, y este concierto es una prueba de ello.

-¿Esta tarde en el Festival de Alicante dirigirá un programa muy contemporáneo?

-Sí, haremos los «Cuatro estudios para orquesta» de Stravinski, «Paisaje invisible I y II» de Aracil, «Impresiones madrileñas» de Zulema de la Cruz, una orquestación de Jesús Rueda de «Lavapiés» de Albéniz, y un estreno absoluto de Ramón Barce.

-¿Es este el repertorio en el que se siente más comódo?

-He hecho mucha música contemporánea desde mis años de estudiante. Y he dirigido muchos estrenos. Hay que hacer de todo, esa es la mejor escuela.

-Paso a paso, con tranquilidad y sin hacer mucho ruido, usted ha ido escalando posiciones en el panorama musical español...

-Lo bueno de esta profesión es que tenemos mucho tiempo, no es como el canto que todo va contrarreloj. Aquí vas adquiriendo experiencia y uno es mayor de edad a partir de los 50 años. Siempre he tenido muy claro lo de ir paso a paso, haciendo de todo... Me gusta la zarzuela, me encantaría hacer más ópera y me apasiona la polifonía desde el siglo XVI y la música contemporánea. Lo que está claro es que no puedes ser un especialista en todo, pero cuando eres joven debes hacer el máximo posible para tener un amplio espectro. Con el tiempo te vas decantando.

-Cuando le ofrecieron la dirección del CNE, ¿le pidió consejo a su padre ?

-Siempre consulto con él mis decisiones profesionales. Lógicamente no sólo porque es mi padre sino porque es quien es y tiene mucha más experiencia que yo y me puede orientar.

-Lo de Lorenzo Ramos es para evitar que le llamen «hijo de...»

-Te lo llaman igualmente... (se ríe). Fue una decisión personal que tomé en su momento por una cuestión muy tonta: Jesús es un nombre que no es muy habitual en países como Alemania, y a la gente se le hacía muy raro llamarme así siendo director del coro de la iglesia (bromea). También porque deseaba dejar claro que yo quería hacer mi carrera, que se me valorara y se me juzgara a mí. De todas maneras no se puede comparar, mi padre es incomparable, tiene 30 años más de experiencia y yo tengo que abrirme camino paso a paso con mi propio esfuerzo. Y no quiero que haya malas interpretaciones... Yo le quiero como hijo y le admiro como músico, y, sin duda, un sueño que tengo es el de poder dirigir junto a él un día y yo creo que él también...

-¿Cuáles son sus metas?

-Lo que me encanta es la ópera y estoy deseando hacerla pero comprendo que pocos teatros se arriesgan a poner una producción en manos de un joven director. O eligen nombres conocidos o desconocidos con apellidos italianos. Desde pequeño me ha gustado mucho, y ya que no puedo cantarla porque sólo tengo voz de mezzo tenor quiero dirigirla. En el mundo sinfónico el director es el protagonista y es un papel en el que yo nunca me he sentido muy cómodo. Para mí la protagonista es la música. Y lo bueno del foso es que no se te ve (bromea). Me encanta la voz humana, es el instrumento por excelencia y lo más hermoso que hay. Además en una ópera el director es imprescindible pero en una sala de conciertos no.