Legido, sutil virtuosismo

LEOPOLDO HONTAÑÓN
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Cuarta sesión de ciclo de ocho que la «Fundación Canal» de la Comunidad madrileña, con la colaboración de Radio Clásica, viene dedicando a la música de cámara, con solistas de la Orquesta y Coro de la propia Comunidad. La respuesta masiva que se registró en ella, puede calificarse de espectacular. Se podrá decir que la entrada es libre, pero no suele ocurrir lo mismo en convocatorias con programa tan poco convencional.

Dos propuestas principalmente se convirtieron en los momentos de mayor altura traductora de todo él. Siempre ofrece interés «a priori» el estreno absoluto de una página de autor nuestro, más de la calidad contrastada del vallisoletano Jesús Mª. Legido (1943), interés que, en esta oportunidad, se vió doblemente satisfecho. Por una parte, «Lluvia otoñal», el segundo cuarteto de cuerda que lleva a su catálogo Legido, es muestra de un trabajo compositivo tan alejado de toda pretensión de espectacularidad sonora, como de cualquier caprichoso prurito de originalidad formal. Lo que en absoluto significa que el autor no juegue, y muy sutilmente, con las posibilidades virtuosísticas de las cuerdas -hasta paradescriptivistas-, ni que no distribuya en lo secuencial, con eficacia indiscutible, enriquecimientos sucesivos del acontecer dinámico y del devenir temporal (por favor: no agógico). El compositor fue ovacionado junto al «Aurora», clarísimo explicador y seguro ejecutor de la nueva pieza.

Y es a éste, al «Aurora», al que le corresponde la segunda y más redonda referencia de este comentario: la que merece una traducción no sé si antológica, pero sí difícilmente superable del «Cuarteto núm.8», opus 110, de Dmitri Shostakovich. Cómo dijo el «Largo» inicial la primera violín Ema Alexeeva y cómo la acompañaron en él y en el salto contrastante al «Allegro» sucesivo sus compañeros -Robin Banerjee, violín; Ana María Alonso, viola, y María Casado, chelo-, bastaría para dar el diez, si el resto no lo hubiera merecido también.

Si para terminar me muestro bastante menos entusiasta con las versiones que el «Aurora» ofreció de «La oración del torero», de Joaquín Turina -que sustituyó al «Cuarteto» opus 4 del mismo autor- y del «Vistas al mar», de Toldrá, creo que lo único que hago es revalorizar todavía más el resto de mis juicios.