Kate Walsh, canción y cuento de hadas

JESÚS GARCÍA CALEROMADRID. Un cuento casi increíble, pero cierto. Había una vez una chica inglesa que nunca pensó en el éxito. Tiene sólo 23 años, una exquisita sensibilidad y está asombrando al mundo

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JESÚS GARCÍA CALERO

MADRID. Un cuento casi increíble, pero cierto. Había una vez una chica inglesa que nunca pensó en el éxito. Tiene sólo 23 años, una exquisita sensibilidad y está asombrando al mundo con unas pocas canciones grabadas en la casa de un amigo. Posee una voz tan dulce que no deja de ganar fans a través de internet, con ese disco en el que habla «de la vida en un lugar pequeño, de mis amores...». Así que ya son dos las Kate Walsh célebres (la otra es la actriz televisiva que encarna a la doctora Addison, en «Anatomía de Grey»).

El gusto melódico de Debussy

Puede que las niñas ya no quieran ser princesas, pero aún hay historias dignas de un cuento de hadas. La cantante nació en un pequeño pueblo de pescadores, en la costa oriental del Reino Unido, en Essex; y vive en Brighton, al sur. Estudió piano clásico hasta los 18 años -«a Claude Debussy le debo el gusto melódico», afirma hoy- y un buen día tomó una guitarra acústica y subió su música a una página de internet, con el deseo de que todo el mundo pudiera oírla, gratis.

Deseo concedido -dijo tal vez el hada, agitando su varita-: hoy ya las oye todo el mundo. Incluso se venden a través de iTunes. El disco fue grabado en casa de su amigo Tim Bidwell, quien invirtió 580 libras en cortinajes de terciopelo con el fin de insonorizar su propio dormitorio y convertirlo así en lo más parecido a un estudio de grabación. Por eso el disco se llama «Tim´s House», la casa de Tim, claro, número uno en las listas folk de la tienda online de Apple en EE.UU., Gran Bretaña e Italia. En la de España, número 2; en Alemania, 3, y subiendo...

Esta caperucita inglesa ni se asusta de los lobos, ni baila con ellos. En el bosque del negocio musical se observa con ojos golosos el éxito que Kate Walsh levanta como un ciclón imparable en internet. Pero justo ahora, cuando había sido invitada a una prestigiosa convención de cazatalentos en Austin, Texas, la meca de cualquier músico incipiente, Walsh ha vuelto a marcar distancias rechazando la invitación: «No quiero formar parte de una estructura de conveniencia de la industria, prefiero la paz de la vida en Brighton», ha dicho.

Trizar las ilusiones

La fama no le gusta todavía, y su motivo para demorar el paladeo no deja de sorprendernos: «Quiero mantener mi privacidad lo máximo posible y no me gusta la idea de tratar a mis héroes musicales, porque eso sólo puede trizar mis ilusiones».

Porque los cuentos hablan de eso, de ilusiones, cumplidas o perdidas. Y algunos de esos héroes que ella mienta, célebres y curtidos, ya han mordido el polvo a su paso, perdiendo pie en las listas, como simples pulgarcitos que no encuentran su sendero de miguitas.

Y ya se sabe: el corazón tiene razones que ni internet explica ni la razón comprende. Cuando la cantante iba a completar sus estudios en The London College of Music and Media, allí algunos productores trataron de estandarizar sus canciones con el cebo del éxito. La respuesta de esta joven fue contundente y cabal: se volvio a casa y siguió componiendo, hasta que encontró al que quería: el citado Tim. E insiste: «Nunca pensé que podría desarrollar la carrera de cantante». Y colorín colorado: este cuento sólo ha empezado.