Rafael Frühbeck de Burgos y Nuria Espert, durante los ensayos. Julián de Domingo

Imaginación y gusto para un concierto de Navidad

Por Leopoldo HONTAÑÓN
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Orquesta y Coro Nacionales. Escolanía de Nuestra Señora del Recuerdo. Presentadora y narradora: N. Espert. Solistas vocales. Director: R. Frühbeck de Burgos. Variado programa. Auditorio Nacional. 21 de diciembre.

No sé cuantas razones me tenían inclinado desde hace tres años a considerar y valorar al de la Orquesta y Coro Nacionales de España como «el concierto navideño» por antonomasia. Mi autorefrendo ha sido máximo al ser testigo de la sesión que, con ese mando en plaza que Rafael Frühbeck de Burgos quintaesencia cada vez más, ha discurrido por derroteros absolutamente logrados: los que demostraban que si las cosas se hacen con inteligencia imaginativa y sabiendo de verdad qué cosa sea Música, popular o culta, de ayer o de hoy, esas cosas resultan bien por difícil que «a priori» parezca. Suena en principio un poco fuerte, en efecto, que un pasodoble tan popularizado como «España cañí», de Marquina, acepte la vecindad de títulos, ni siquiera estrenados todavía, de tres nombres cimeros de nuestra creación culta más actual, que me gustaría saber a qué mínimo porcentaje de los seguidores incondicionales de aquel pasodoble les sonaban.

CONCILIAR ESTÉTICAS

Y aquí viene lo de la inteligencia imaginativa. La han demostrado grande y al alimón, a la hora de cumplimentar sus correspondientes respuestas a los encargos recibidos, los tres compositores elegidos: sin renunciar ni a su más personal manera de concebir el arte de su tiempo, ni siquiera a su técnica caligráfica más al día al servicio de ese concepto -aunque sea «a contrario sensu» en el caso de Verdú-, han redactado tres partituras plenamente subsumibles por su forma y carácter en lo que se entiende, en el sentido más alto que se quiera, por espíritu navideño: «O Tannenbaum», de Sánchez Verdú; «La Navidad preferida», de Luis de Pablo, y «Puerta del Sol», de Tomás Marco.

Me he extendido en este singular extremo conciliador de estéticas, porque se me antoja clave en la sustancialidad de este concierto, pero debo añadir enseguida que todo él fue un redondo y justo éxito de principio a fin. Dada la atinada selección del resto del programa musical -fragmentos capitales de los «Cuadros vascos», de Guridi; del «Evangelio, de Joaquín Turina; de «El pesebre», de Casals; de «Cascanueces», de Chaikovsky. «La Bohème», de Puccini, y «La verbena de la Paloma», de Bretón- hasta el ágil y dinámico desarrollo de un guión de Adolfo Marsillach, decisivamente apoyado Frühbeck en la inestimable profesionalidad y encanto de Nuria Espert como presentadora de todo acto y narradora en Turina. Gerardo Diego y Camilo José Cela. Desde las espléndidas prestaciones de la Orquesta Nacional y del Coro hermano que dirige Rainer Steubing-Negenborn, sin olvidar a la Escolanía del Recuerdo de César Sánchez, ni a la breve pero eficaz presencia de la banda que comandaba Pascual Osa, hasta este extenso plantel de excelentes solistas: Elena de la Merced, Laura Alonso y Rosa de Segovia, sopranos: María José Suárez, Eneida García, María Luz F. Candocia y Daniela Vladimirova, mezzos; Emilio Sánchez, José María Abad y Manuel Mendaña, tenores; Luis Álvarez, Josep-Miquel Ramón. Carlos López Galarza y José María Bermúdez, barítonos; Alfonso Echeverría, bajo, y Julia González Casamayor, recitadora.