The Human League apelan a la nostalgia
The Human League, durante su concierto - JAVIER TAHIRI

The Human League apelan a la nostalgia

Una noche de luces de colores y sintetizadores de otra época copan la actuación del grupo británico en Madrid

MADRID Actualizado:

En la primera canción del disco fetiche de The Human League, Dare! (1981), la banda desvelaba de qué se componían los sueños. Lo hacía bajo una neblina de ritmos mecánicos y cortinas de sintetizadores de cristal. David Bowie lo llamó «el sonido del futuro». No erró. El álbum vendió millones de copias por todo el mundo y la banda fue lanzada al estrellato con una influencia enorme. Tras ellos llegaron decenas de bandas neo- románticas, algunas tan destacables como Depeche Mode, A-ha o Pet Shop Boys, y el «synth- pop» vivió su apogeo durante la década de los ochenta. Gran parte de culpa se debió a The Human League, grupo inglés nacido en las profundidades de Sheffield, que supo tender el puente definitivo entre Kraftwerk y las masas. Entre el pop y la máquina.

Desde entonces la banda ha seguido una trayectoria con altibajos, pero su líder, Philip Oakey, continúa en activo junto a sus inseparables coristas Joanne Catherall y Susan Ann Sulley. Dentro de su gira de presentación de Credo, su último disco, la banda tocó ayer por la noche en el teatro Circo Price de Madrid. El auditorio de la sala se llenó de treintañeros y jóvenes, reflejo de la influencia de la banda en el sonido de artistas conceptuales de electropop como La Roux o Lady Gaga.

La banda no defraudó y supo insuflar intensidad a un repertorio compuesto por algunos de los grandes éxitos de su trayectoria. Oakey y su banda abrieron el concierto con «Never Let Me Go», apertura de su último álbum. Sobre el escenario se sucedían los teclados sintetizados, las baterías electrónicas y los coros femeninos de Catherall y Sulley, que arropaban las melodías de un Oakey en perfecta forma vocal. Un fondo con imágenes que alternaba retazos del «Metrópolis» de Fritz Lang con escenas al más puro estilo «Tron», completaban la escenografía.

Regreso a los ochenta

Viejos éxitos como «Empire State Human» o «The Sound Of The Crowd» lanzaron magistrales estribillos recibidos con entusiasmo por el público. Otros como «Tell Me Where (Will I See You Again)» escondían una artesanía pop de primer nivel celebrada por el respetable. Canciones como «Fascination» o «All I Ever Wanted», con regalo en forma de rosa incluido, certificaron la entrega del público con el grupo. Torrentes de notas se deslizaban desde un sintetizador al corazón de la masa.

Oakey también recordó los inicios experimentales del grupo en canciones como «Being Boiled», con ritmo tribal, ambiente fumado y proyecciones de planetas fundidos de fondo. No obstante, los clásicos fueron los protagonistas en la noche de ayer. «Don't You Want Me» y «Love Action (I Believe In Love)» pusieron el auditorio en pie y agudizaron la nostalgia de la grada como momentos estelares de la noche. «Together In Electric Dreams» rememoró las colaboraciones de Oakey con Giorgio Moroder y cerró el recital entre aplausos.

The Human League entregaron una hora y media hecha para colmar la nostalgia de un público fiel. Conscientes de sus límites, Oakey y los suyos apuestan sobre seguro y conocen dónde están los puntos altos de su discografía. El público madrileño fue rociado por cascadas de voces femeninas, melodías de primera y una lluvia de notas sintetizadas en un túnel del tiempo hacia los ochenta. Pocas veces los gemidos de un teclado Casio hicieron sentir tanto.