HISTÓRICO ESTRENO

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RAMÓN MARÍA SERRERA

El estreno absoluto de «Parsifal» en Sevilla, que protagonizó Daniel Barenboim con la compañía de la Staatsoper de Berlín en pleno, queda para la historia lírica de nuestra ciudad. Musicalmente, fue una representación antológica, de referencia. Con esta orquesta en el foso, con este coro sobre las tablas y con un elenco de auténtico lujo de voces solistas genuinamente wagnerianas, todo tenía necesariamente que funcionar. Y si en el podio estaba el mejor músico vivo que hoy puebla el firmamento musical, pues aquí no hay más trucos.

Interesante e innovadora la producción y la dirección de escena de Bernd Eichinger, que tanta controversia despertó en su reciente estreno berlinés. Muchachas en flor enlutadas; desolador y gélido parque neoyorquino; moderna tribu urbana con cadenas, navajas y peinado punk en vez de los caballeros en torno a le mesa de un inexistente Santo Grial en el último acto; abuso de la proyección desde el retroescenario... Ese no es el «Parsifal» de nuestro imaginario, pero resulta interesante y muy original, aunque no afloró en ningún momento el espíritu de unción y de religiosidad, de profunda y poética espiritualidad, del postrero título wagneriano.

No hablo de Barenboim como director y concertador. A estas alturas huelga comentar cómo concibe y dirige la música de Wagner. Hoy por hoy, es el más fiel ejecutor de la música del genio de Leipzig. Bajo sus órdenes, la orquesta berlinesa ofreció una deslumbrante exhibición de registros expresivos y dinámicos. Denso, envolvente, de embriagadora e hipnótica sonoridad ese tercer acto que no olvidaré mientras viva. De lujo el coro de Deutsche Staatsoper, todos en emisión fundida, templada, vocalizando y cantando con unción. Y en cuanto a las voces solistas, difícil sería analizarlas de forma pormenorizada. Estos cantantes pertenecen a una raza distinta, por su incisividad, su manera de proyectar, su caudal canoro, su maratoniana resistencia física, su manera de dominar el canto declamado a veces sobre difíciles apoyos armónicos. La Schuster se llevó la mayor ovación de la noche por encarnar a una Kundry de libro, protagonista de un segundo acto de ensueño en su diálogo con un poderoso y maléfico Klingsor (Jochen Schmeckenbecher) de caudalosa vocalidad. René Pape es hoy una de las más grandes voces wagnerianas y un Gurnemanz de referencia. De lujo el Anfortas de Hanno Müller. Lo mismo cabe decir de Chistof Fischesser como Titurel. De ensueño las seis muchachas en flor. Y de autentica proeza la actuación de Burkhard Fritz como Parsifal.