GRISEY ILUMINA ALICANTE

STEFANO RUSSOMANNO
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CLÁSICA

Festival de Alicante Director: Arturo Tamayo. Intérpretes: Garth Knox, viola. Academia de Música Contemporánea. Joven Orquesta Nacional de España. Lugar: Alicante. Teatro Principal. Fecha: 25-IX-03

Con el estreno en España de «Los espacios acústicos», de Gérard Grisey, el Festival de Alicante jugaba su carta más ambiciosa y arriesgada. La complejidad de esta obra maestra y la juventud de los intérpretes representaban dos incógnitas temibles, pero a la hora de la verdad las dudas quedaron despejadas. Tamayo realizó un encomiable trabajo de preparación y dirección, los instrumentistas le secundaron con habilidad y dieron prueba de envidiables dotes de concentración a lo largo de la hora y media que duró el concierto. Todos juntos demostraron -y esto fue lo más importante- tener una visión de conjunto de este ciclo. Su versión se planteó como un largo «crescendo». Empezó la viola sola de Garth Knox con un arranque quizá un tanto frío, que subrayó los aspectos discontinuos y los largos silencios entre una frase y otra de «Prologue». «Periodes» sirvió para calentar motores y «Partiels» marcó el punto de inflexión hacia una actitud de creciente intensidad. Ésta culminó en las tres piezas de la segunda parte: «Modulations», «Transitoires» y «Epilogue» (con una impresionante demostración de bravura por parte de los cuatro trompas solistas).

Tamayo se recreó más en las sombras que en las luces de la partitura de Grisey. El director demostró que la luminosidad transparente y incorpórea con la que muchos suelen traducir estas piezas no es la única clave de lectura. Las texturas graves y los colores oscuros configuraron en cambio una versión que apuntó hacia lo emocional sin quedarse en lo meramente analítico, y esta opción se reveló tanto más acertada cuanto más aumentaba la plantilla de intérpretes. También se aprovecharon al máximo las virtualidades teatrales que Grisey deja abiertas. Tal vez el final de «Partiels» esté destinado a quedar entre los momentos memorables de este festival, con los músicos hablando entre ellos y dejando caer hojas desde sus atriles, y con el percusionista simulando dar un estruendoso golpe de platos que no llega a producirse. Este detalle conquistó incluso a un público (escaso, pese a la trascendencia del acontecimiento) que, a partir de ahí, se entregó totalmente a la causa.