Kunde, durante la función
Kunde, durante la función - MET Opera
ÓPERA

Gregory Kunde regresa por sorpresa al Met

Tras doce años de ausencia, el tenor americano cumple su sueño de volver al teatro neoyorquino para sustituir in extremis a Aleksandrs Antonenko en el papel protagonista de «Samson et Dalila».

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Triunfaba en Europa pero su América natal le negaba la posibilidad de ser profeta en su tierra. Cosechaba éxitos en teatros del prestigio de la Wiener Staatsoper, la Royal Opera House, la Scala de Milán, la Deutsche Oper o el Teatro Real. Pero las puertas de la Metropolitan Opera de Nueva York seguían cerradas para él. En la noche del miércoles, el tenor americano Gregory Kunde las derribó casi por casualidad, cuando hubo de sustituir a mitad de función al tenor Aleksandrs Antonenko y pudo reencontrarse, doce años después, con el público neoyorquino. Es la historia de un sueño cumplido a sus 65 años, de una suerte de justicia poética poco habitual en un mundo tan reñido como la ópera.

La noticia la daba de madrugada el portal Operawire, cuando informaba que Kunde —un intérprete bien conocido en nuestro país, ya que ha sido habitual en las temporadas de Madrid, Barcelona, Bilbao, Valencia, La Coruña o Sevilla— regresaba al Metropolitan en mitad de la función del pasado miércoles. El tenor letón Aleksandrs Antonenko, anunciado para encarnar el rol protagonista de «Samson et Dalila» (Saint-Saens), causaba baja por enfermedad a la finalización del primer acto. Cuando la cortina se volvió a levantar tras la reanudación —y previa notificación al público—, Kunde estaba vestido de Sansón para cumplir uno de sus más secretos anhelos, regresar al primer teatro de su país, del que estaba ausente desde hacía más de una década. Según confirmó a este periódico, lo volverá a hacer para las tres funciones que inicialmente estaban previstas para Antonenko, confirmado a su vez por la dirección del teatro neoyorquino.

Todo había surgido de manera atropellada, pero como pasa en estos casos, no por casualidad. El todopoderoso general manager del Met, Peter Gelb, contactó con Kunde en la noche del martes para ver si pudiera estar como cover de Antonenko esa misma noche, en caso de que el tenor letón sufriera alguna indisposición de último minuto. El americano, que tenía el rol en repertorio desde que lo debutó en Valencia en 2016, se encontraba en su casa de Rochester, al norte del Estado de Nueva York. A primera hora del miércoles aterrizaba en la Gran Manzana, se desplazaba con urgencia al teatro y para pruebas de vestuario y orquesta. A la hora de la función tenía ensayada la producción de Darko Tresnjak. A su favor, la Dalila de Anita Rachvelishvili, mezzo con la que coincidió hace dos temporadas en Londres en «Il Trovatore».

Mientras estaba en la «green room», la sala de espera para salir a escena, prefirió abstraerse del momento. «La función de Antonenko no iba como debía, pero los covers nunca pensamos que podemos salir», explica a ABC, aunque cuando la dirección del teatro le pidió que se preparara para salir a escena «no pensé en lo que representaba, sino en disfrutar del momento tras 41 años de carrera». Era una inesperada oportunidad y no iba a desaprovecharla. El público del Met le recompensó su desempeñó con una calurosísima ovación en una función que suponía la reposición de una producción ya estrenada a finales de septiembre por Roberto Alagna y Elina Garanca.

El día después, Kunde no piensa en su futuro en el Met, dado que su agenda en Europa ya está lo suficientemente copada «y en este teatro se programa con varios años de antelación», aunque no descarta poder asumir alguna sustitución que, como en este caso, le abra las puertas a poder volver a escena. «Me siento bendecido, solo pienso en disfrutar del momento y que puedan hacerlo conmigo mi familia y mis amigos», reconoce, a los que ya pudo satisfacer este mismo marzo en Dallas, cuando asumió el papel de Des Grieux en «Manon Lescaut» —como curiosidad, el papel con el que debutó en el Met en 1985 fue este mismo de Des Grieux, pero en la ópera francesa «Manon» de Massenet, sobre el mismo texto del abad Prevost—, un éxito que a su juicio le abrió puertas para que el Met contara ahora con él. Tan inesperada fue la llamada del Met que ni su familia pudo acompañarle, ya que ese mismo día su hija Isabella debutaba en un musical escolar. La habitual llamada que el cantante hace a los suyos para rezar antes de salir a escena ni siquiera pudo tener lugar. Aun así, el destino le deparaba un generoso éxito.

Ausente desde 2007

La anterior vez que Kunde formó parte de un reparto en el Met fue en el febrero de 2007, con una serie de funciones de «I Puritani» con la que además despidió a uno de los personajes que más interpretó en sus primeros años, su protagonista Arturo Talbo. Tal y como cuenta el tenor en su biografía «Gregory Kunde: una vida para cantarla» (pendiente de publicación), no fueron días satisfactorios, ya que si bien tuvo que suplir durante el grueso de los ensayos y las dos primeras funciones al tenor principal, Eric Cutler, no tuvo la oportunidad de participar junto a la diva Anna Netrebko en la representación que se retransmitió en cines para medio mundo y que posteriormente se editó comercialmente. De aquel estreno —para el que fue llamado en aquella misma mañana, porque Cutler mantuvo en vilo al Met hasta el último minuto— recuerda la agridulce reseña del crítico del New York Times, Anthony Tomassini, «pero la del New York Observer me despellejó sin pudor, fue la peor que he sufrido en mi vida».

Tras la positiva reacción del público neoyorquino y el éxito cosechado en Dallas, Kunde confía en que la ola le permita volver a la que considera su casa, la Lyric Opera House de Chicago en la que se formó como cantante en los ochenta, en la que no canta desde hace más de veinte años. «Ya no podrán decir que no conocen mi carrera en este momento», bromea en conversación con este periódico. Es su inconfesado deseo, poder volver al teatro en el que aprendió el oficio operístico y devolver todo el bagaje de más de cuarenta años de carrera al público que lo vio en aquellos primeros años en los que apenas desempeñaba minúsculos papeles de comprimario o de corista.

No lo reconoce, pero al tenor le recorre su cuerpo la satisfacción por haber sido capaz de salir airoso de un exigido papel como el Samson a sus 65 primaveras, una edad a la que la mayoría de sus compañeros de su profesión lleva varios años disfrutando de la jubilación. Kunde, nada más lejos de eso, tiene en agenda encarnar al Calaf de la «Turandot» de Puccini en Bologna el próximo mayo, y en octubre en el Liceo de Barcelona, conmemorando los 25 años de la reapertura del teatro catalán tras el pavoroso incendio que lo devoró en 1994. Entre una fecha y otra, le esperan en Viena para una «Aida», en esta nueva etapa como cantante verdiano tras una primera vida dedicada a Rossini y el belcanto, que le llevó hasta mediados de la década pasada, cuando decidió mutar de repertorio y afrontar roles de mayor enjundia. Por el camino, un cáncer que superó a principios de los 90 que casi le cuesta la carrera, hoy convertido en un mal recuerdo.