Grandes intérpretes para grandes compositores

Los mejores solistas, directores y orquestas desfilan en la colección de música clásica de ABC y Deutsche Grammophon

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TEXTO: JUAN MANUEL VIANA FOTOS: ABC

MADRID. La música necesita del intérprete para «vivir», para traspasar la barrera del papel pautado y llegar así al oyente en las mejores condiciones posibles de respeto y fidelidad a su creador. El intérprete, ese privilegiado traductor a sonidos de las intenciones del compositor, juega por tanto un rol indispensable en la transmisión y recepción de la obra musical. De ahí que la calidad de aquél, y no sólo la acertada selección de las obras a escuchar, adquiera una dimensión incuestionable en toda colección discográfica consagrada a la música clásica. Y eso es algo que, en la presente edición que ofrece ABC y Deutsche Grammophon, queda garantizado.

En el plantel de directores de orquesta sobresalen algunas de las más grandes batutas de los tiempos modernos. Si en el período barroco encontramos algunas parejas admirablemente conjuntadas, como el idiomático Haendel de Trevor Pinnock, el arrebatador -y todavía revolucionario para muchos- Bach instrumental de Reinhard Goebel o John Eliot Gardiner en unas cantatas de Bach vocalmente inalcanzables, el repertorio clásico alberga el chispeante Haydn sinfónico de Leonard Bernstein o el preciso y equilibrado Mozart de Claudio Abbado. ¿Y cuántos no se ha adentrado en el sinfonismo beethoveniano a través de las legendarias lecturas de Herbert von Karajan, sin duda la más carismática de las batutas del siglo XX? ¿Algún melómano experimentado ignora el transparente Rossini de Abbado, el fervoroso Bruckner de Jochum y Böhm o el cálido Brahms del inolvidable Carlo Maria Giulini? ¿Cuántos admiradores del hoy indiscutible Gustav Mahler no lo descubrieron gracias a Rafael Kubelik? ¿Existen otros binomios tan referenciales como los de Richard Strauss dirigido por Karajan, el Ravel transparente de Abbado o Debussy, Bartók y Stravinsky traducidos hasta en sus más sutiles inflexiones rítmicas por el infalible escalpelo de Pierre Boulez?

Pianistas ilustres

La relación de pianistas rebosa igualmente de nombres ilustres, desde los ya desaparecidos Rudolf Serkin (un riguroso Mozart con Abbado), Wilhelm Kempff, Sviatoslav Richter (presente en los populares conciertos de Schumann y Chaikovsky), Emil Gilels (espléndido Quinteto «La trucha» con miembros del Cuarteto Amadeus), Géza Anda o Arturo Benedetti Michelangeli (para muchos el más genial intérprete del piano de Debussy y como muestra baste escuchar sus recreaciones de Images y Children´s Corner) hasta el más joven Ivo Pogorelich, sin olvidar a la generación de los hoy reverenciados Maurizio Pollini, Daniel Barenboim, Martha Argerich y Maria Joao Pires, traductoras éstas de un Liszt y un Chopin que han sentado cátedra.

Entre los intérpretes de cuerda, el injustamente olvidado Christian Ferras y el carismático Yehudi Menuhin -intérprete, junto a Kempff, de unas sonatas beethovenianas que son todo un modelo de estilo por el que no pasan los años- ceden el testigo a las últimas estrellas, llámense Shlomo Mintz o la cotizadísima Anne-Sophie Mutter. El repertorio de violonchelo y guitarra, también presente, tiene en las manos de Rostropovich y Yepes defensores para los que sobran elogios.

Aunque quizá sea el apartado vocal -de tan crecida popularidad en los últimos años- el que registre una mayor acumulación de ídolos. Tenores como Plácido Domingo, Luciano Pavarotti, José Carreras, el malogrado Fritz Wunderlich o el incomparable Carlo Bergonzi; el hoy felizmente octogenario Dietrich Fischer-Dieskau -para gran parte de la crítica el mejor liederista de la historia- o el aún joven y portentoso Bryn Terfel; las sopranos Beverly Sills, Kiri Te Kanawa; o las voces más graves de Teresa Berganza, Elena Obraztsova, Agnes Baltsa, Tatiana Troyanos y Anne-Sofie von Otter, todas ellas luminarias habituales en los mejores coliseos operísticos.