Giulini: «La música la vivo en la partitura y a través de la fantasía»

Carlo María Giulini es uno de los últimos grandes directores de orquesta de una generación a la que pertenecieron Celibidache, Solti, Karajan, Kubelik o Bernstein. Retirado de los podios desde hace dos años, ayer recibió de manos de la Reina Sofía el premio Jehudi Menuhin a las Artes y la Educación que otorga la Fundación Albéniz. El acto, celebrado en el Pardo, fue clausurado con un concierto dirigido por Luciano Berio.

MADRID. Susana Gaviña
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Carlo María Giulini visitó ayer Madrid para recoger, de manos de la Reina Sofía, el premio Yehudi Menuhin, músico con el que, el director italiano no llegó a tener ningún trato personal. «Cuando él era una figura yo era el último viola de una orquesta a la que él vino a tocar alguna vez». A pesar de su dilatada carrera, Giulini se mostró ilusionado con el galardón. «Se siente una gran emoción y satisfacción cada vez que se reconoce lo que uno ha hecho por la música».

Carlo Maria Giulini conserva, a sus 87 años, un aspecto sereno y elegante. Tras sus ojos azules se encierra toda una vida al servicio de la música. Contemporáneo de las batutas más emblemáticas del siglo que acabamos de concluir, tuvo la oportunidad de conocer a grandes maestros de la dirección como Walter Bruno, Richard Strauss o Igor Stravinsky, que le dirigieron desde el podio de la Orquesta del Augusteo de Roma, donde Giulini era última viola. Plaza que ganó por concurso, y cuyo recuerdo guarda en su memoria como uno de los momentos «más felices» de su vida.

RETIRADA ELEGANTE

El director italiano, que dirigió a la Joven Orquesta Nacional de España (Jonde) en su última visita a España en 1998, se retiró definitivamente del podio hace aproximadamente dos años después de sentir una pequeña indisposición en el transcurso de un concierto. «Un día me encontré mal y decidí dejarlo. No quería esperar a la decadencia, y la dirección orquestal requiere un esfuerzo físico», explicó ayer, en un pequeño encuentro con la prensa.

Ajeno al circuito comercial, el director italiano, que vive actualmente en Milán y que se confiesa un gran seguidor del Inter, ha desarrollado a lo largo de su vida un carrera al servicio de la música. A pesar de su retirada, Giulini no ha querido abandonar de todo la música. «Todos los días estudio las partituras porque nunca se dejan de descubrir cosas nuevas que ha querido transmitir el compositor a través de sus notas», afirma. Además, regularmente imparte clases de dirección de orquesta en una escuela de Fiesole, localidad cercana a Florencia. «Trato de transmitir mi experiencia a los jóvenes», y señaló como uno de los problemas a los que tiene que enfrentarse el director el de «revivir» la notas escritas en un papel. «La música en la partitura está muerta».

DESPUÉS DE SCHOENBERG, NADA

Su lecciones en Fiesole son quizá la relación más directa que Giulini mantiene ahora con la música ya que según confiesa desconoce la situación actual de la ópera, «No voy nunca». Tampoco acude a conciertos ni escucha grabaciones. «Yo la música la vivo en la partitura y através de la fantasía», asegura. Sobre la creación contemporánea, Giulini cree que ya se ha escrito todo y no se hace nada nuevo. «El problema de la música es que se compone de muy pocas notas. Para mí va de Monterverdi a Schoenberg. O, ¿qué compositor puede escucharse hoy día en todo el mundo?...». Giulini obtiene el silencio como única respuesta.

Sin ninguna asignatura pendiente, se siente afortunado de haber podido dirigir a las mejores orquestas, instrumentistas y cantantes —entre ellos a la propia María Callas—. Muchos años de vivencias y anécdotas que se mantendrán en la memoria del director italiano, ya que no tiene ninguna intención de escribir sus memorias. Una lástima.

El premio Yehudi Menuhin está dotado con tres millones de pesetas (la mitad la ha donado Giulini a la Escuela Reina Sofía y la otra mitad a una escuela de Fiesole donde imparte actualmente clases de dirección de orquesta. Así como de una medalla diseñada por el escultor Julio López Hernández. Tras la entrega de los premios, se celebró un concierto que sirvió de broche a las clases de de la Escuela Superior de Música Reina Sofía. El programa, intepretado por alumnos de la propia escuela, estuvo dedicado íntegramente —y dirigido— por el compositor y director italiano Luciano Berio, que días pasados intervino en un coloquio y ofreció un concierto, con sus obras, en el Auditorio Nacional.