JULIÁN DE DOMINGO  El gato con botas ofrece una zanahoria a los conejitos, ayer durante el ensayo

Un gato con botas, bolitas y michelines se desliza por el Real

El Teatro Real se viste de magia y de color para recibir «El gato con botas», ópera inspirada en el cuento de Perrault, con música de Montsalvatge. Un regalo para todos los públicos, que supone el debut en el coliseo madrileño de Agatha Ruiz de la Prada, que firma el vestuario y la escenografía

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TEXTO: SUSANA GAVIÑA

MADRID. Rojo, azul, naranja, verde, amarillo... El escenario del Teatro Real es un auténtico estallido de color. Ayer fue el primer día en el que la escenografía de una nueva producción, «El gato con botas», realizada en colaboración con otros tres teatros -el Liceo, la ABAO y la Asociación Asturiana de Amigos de la Ópera- ha asomado a sus tablas. Los gestos de sorpresa no se hacen esperar, y los allí presentes -técnicos, equipo de producción, algún que otro curioso o el director gerente- no pueden acallar su fascinación.

Bolas que bajan, flores que suben, un cielo estrellado que se enciende sobre la sala, una alfombra en amarillo chillón, un pequeño cuerpo de baile formado por cuatro conejitos, un gato enfundado en un traje fucsia, decorado con bolitas y un molinero muy conceptual se deslizan sobre el escenario siguiendo las instrucciones del director de escena, Emilio Sagi, y del director musical, Josep Vicent.

Sagi parece haber encontrado su alma gemela a la hora de seleccionar a la persona responsable del vestuario y de la escenografía, la diseñadora Agatha Ruiz de la Prada, quien debuta en el coliseo madrileño, aunque no en la ópera -lo hizo el pasado verano en el Festival de La Coruña con «Don Giovanni»-. La diseñadora reconoce que este trabajo es puro Agatha, «está lleno de bolitas y michelines», y confiesa que le ha venido como anillo al dedo. «Es una historia imaginativa en la que yo he podido inventar lo que quería». Ruiz de la Prada, que sueña con poder llevar algún día a escena «La flauta mágica», no ahorra en elogios cuando se refiere a Emilio Sagi: «Es una joya. Ha sido absolutamente respetuoso conmigo. Éste ha sido uno de los trabajos más fáciles de mi vida».

Un texto «preciosista»

Esta nueva producción, que se enmarca dentro de las actividades programadas para los más pequeños, «aunque es una ópera para todos lo públicos», surgió tras el estreno hace un par de años en el Teatro Real de la ópera «Babel 46», de Xavier Montsalvatge. «Entonces mantuve muchas conversaciones por teléfono con el compositor, que no pudo viajar a Madrid por razones de salud -falleció poco después-. Él me habló de «El gato con botas», obra que yo no conocía -explica Sagi, ex director artístico del coliseo madrileño-, y que después escuché en una grabación de Ros Marbà. Me fascinó, y hablé con el Liceo para coproducirla». La elección de Ruiz de la Prada la tuvo clara desde un principio; «su estética pega mucho con los temas de niños».

Sobre la partitura, estrenada en 1948 en el Liceo, Sagi la califica de «exquisita» en lo musical; mientras que el libreto, inspirado en popular cuento de Charles Perrault y que fue adaptado por el escritor y periodista Néstor Luján, lo define como un texto «preciosista». En cuanto a la dirección de escena, confiesa que su objetivo era crear «una dialéctica de niños, colores, letras que cambian de sitio. Quise hacerlo muy infantil». Pues, en su opinión, el discurso musical «es bonito pero muy profundo».

El director musical, Josep Vicent, llega acompañado por la partitura de Xavier Montsalvatge, que está llena de anotaciones del maestro catalán. No es nuevo en esta plaza, la del Teatro Real, pues ya dirigió alguna función de «Il viaggio a Reims», y participó en la clase magistral impartida aquí por Daniel Barenboim. Reconoce, sin embargo, que no es un buen director asistente: «La música es muy personal», asegura. Cuando se le menciona «El gato con botas», y lo poco frecuentada en las programaciones, afirma rotundamente que se trata «de una de las grandes joyas del repertorio lírico español. Estrenarla ahora en Madrid es un hecho histórico». El director de orquesta valenciano va sumando adjetivos cuando se refiere a la partitura: «Es dulce, tierna, llena de sensibilidad, de detalles y de color. A veces parece Puccini», subraya. No es la primera vez que se acerca a esta obra de Montsalvatge: «La dirigí en la pasada temporada de la OSRTVE». Aunque existe una versión reducida, «que a Montsalvatge no le gustaba nada», afirma que aquí se hará la original. «Si no, yo no la dirigiría», sentencia.