Feliz clausura

LEOPOLDO HONTAÑÓN
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Se puede afirmar sin salirse un milímetro de la verdad que en la nada corta relación de óperas, conciertos, encuentros y convocatorias de otro tipo ofrecidos en la decimoctava edición del Festival contemporáneo de Alicante han prevalecido en gran proporción los aciertos, tanto artísticos como de realización, sobre los errores. Y no ha sido excepción el concierto de clausura, celebrado la tarde del domingo ante asistencia bastante nutrida y con gran éxito.

Con muy buen acuerdo, se había aprovechado la sesión de cierre para rendir homenaje conjunto en el año en que alcanzan la cincuentena -y completando así los dedicados en jornadas anteriores a Tárrega, Rodríguez Albert, Bernaola, los tres «in memoriam», Marco y Kaija Saariaho- a dos destacados compositores españoles, con nombres plenamente instalados en nuestra Música con mayúscula: el palentino Santiago Lanchares y el madrileño José Luis Turina.

Fue una de sus primeras composiciones ya plenamente conseguidas -«Krono», para conjunto instrumental- la que abrió el retrato de Lanchares, seguida de «Dos danzas y un interludio» para piano, los tres de los años noventa, para finalizar con el estreno absoluto de su «Musicomanía», asimismo para grupo instrumental y fruto de un encargo del CDMC. La personalidad polivalente del autor quedaba francamente bien dibujada así a través de tres páginas muy distintas de carácter y de sustrato intencional, resultando la superficie de la última, sin duda deseadamente, de atractiva pero movediza traza.

No menos clara quedó la gran altura de compositor de primerísima fila que habita en José Luis Turina en otro logradísimo trío de ejemplos, aun perteneciendo los tres a fechas separadas: «Kammerconcertante» (1988), «Scherzo para un hobbit» (1997) y «Variaciones sobre dos temas de Scarlatti» (1985), sextetos el primero y el último y quinteto el segundo, los tres de escritura paraconcertante muy inteligentemente concebida.

No defraudaron, ciertamente, como intérpretes seguros y de sutil variedad de enfoques, ni el siempre ejemplar «Proyecto Guerrero», que ahora cumple cinco años, ni el cada vez más dueño de los secretos de la dirección Joseba Torre.