Sabina durante el concierto del WiZink Center el pasado sábado
Sabina durante el concierto del WiZink Center el pasado sábado

Los fans de Sabina

Muchos de los asistentes exigieron que se les devolviera el dinero de las entradas. ¿Estos son los que luego se consideran fans del artista?

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Sabina se quedó mudo en Madridy tras hora y media de concierto dijo que no podía más y se marchó a su casa. Le quedaban tres canciones y los bises para terminar el repertorio que había preparado, pero su contrato estipulaba que tenía que cantar una hora y no sólo la superó con creces sino que había previsto entregarse una hora más.

En cualquier caso, el argumento no es el contrato físico sino el moral. Muchos de los asistentes exigieron que se les devolviera el dinero de las entradas. ¿Estos son los que luego se consideran fans del artista? ¿Dónde queda el amor, dónde la compasión y la generosidad? Sin llegar a ser un pesado como Bruce Springsteen, Sabina todo lo da en el escenario. Sus conciertos son intensos y largos, su dedicación absoluta. Y ante un momento de debilidad tú corres a reclamarle el precio de la entrada. Para fans así mejor tener haters, que por lo menos no vienen de noche a molestarte.

Me gustaría saber cuántos de estos presuntos sabineros han comprado sus discos y cuántos los han obtenido de alguna descarga ilegal. Me gustaría conocer su idea del amor y cuánto dan a cambio de lo muchísimo que reclaman. Me gustaría saber si es así como quieren a sus amigos y a sus hijos.

Sobre todo en los que se proclaman «fans» de alguien, he observado en los últimos tiempos las formas más cínicas, egoístas y mezquinas de lo que se supone que tendría que ser el respeto, el afecto y la admiración. Estos fans que roban a sus artistas. Estos fans que les exigen que bailen como monas de feria aunque se encuentren mal. Estos fans que luego se toman una semana de baja por la pupita que les hace el dedito pequeñito pero que no les parece suficiente que Joaquín les cante 16 canciones, cuando por ejemplo, en sus conciertos completos, Mark Knopfler no suele interpretar más de 14.

No es ajena esta tiranía al amor cobarde de nuestra era, al compromiso que creemos que es un derecho romper y no un deber sostenerlo, al desprecio con que desaprovechamos nuestro talento, nuestra misión generosa: y con todo lo que nos fue concedido, vivimos todavía de lamentarnos y de oscurecernos y de quejarnos, en lugar de salir corriendo a dar las gracias por la luz, y tratar de propagarla.