El músico catalán Joan Guinjoan
El músico catalán Joan Guinjoan - ABC

Fallece a los 87 años el compositor Joan Guinjoan, figura clave de la música contemporánea

Considerado por la crítica como un creador de grandes formas abstractas y expresivas dentro de la música sinfónica, deja más de un centenar de obras

Alberto González Lapuente
BarcelonaActualizado:

Ha sido Joan Guinjoan (Ruidoms, Tarragona, 28 de noviembre de 1931-1 de enero de 2019) un organizador comprometido, crítico, divulgador, un intérprete prolífico, pianista y director, un compositor reflexivo y concienciado con un pensamiento solidificado en el oficio, un hombre de saberes y experiencias; alguien con carisma, conciliador y amigable. Un artista de talento. Una buena persona a quien era fácil admirar aún sin saber que se estaba ante uno de los nombres fundamentales de la música española de la segunda mitad del siglo XX. Hace unos años hubo la oportunidad de escribir que su obra es una referencia porque enriquece el día a día. Hoy es importante señalar que su catálogo se ha convertido en una necesidad si es que interesa saber lo que hemos sido.

Cuando en 1978 se estrenó «Tzakol», encargo de la Orquesta Nacional de España, la crítica señaló el carácter pionero de la obra en el espacio creativo español, y acompañaba un curioso comentario donde se puntualizaba que «antes de revelar las virtudes musicales y actividades múltiples en el oficio» es necesario destacar el «origen campesino» del «compositor catalán de más futuro». Se ponía de manifiesto el origen payés, con procedencia en el Baix Camps tarraconense, una razón de vida y una sensata afirmación personal a pesar de que las circunstancias situaran a Guinjoan en lugares muy distintos y de que la imaginación volara hacia espacios universales. Muy pronto, el estudiante que ansioso por conocer mundo traslada su residencia a París, se presenta en Madrid como pianista. Son los años finales de los cincuenta y a Guinjoan se le escucha en recitales privados y en colegios mayores interpretando un repertorio clásico en el que no faltaban Albéniz, Brahms y Liszt.

Aún volverá a la capital francesa, dispuesto ahora a enfrentarse a la composición, lo que significa asumir la realidad musical de la época y entender la carencias del entorno. Habían sido fundamentales los consejos de Cristòfor Taltabull y los estudios en la Schola Cantorum. A partir de ahí, y tratando de encontrar un punto de acuerdo con los espectadores, creará Diabolus in Musica, junto al clarinetista Juli Panyella, grupo de intérpretes dedicados a promocionar la música «actual» y, ante todo, a defender y divulgar los clásicos del siglo XX. Es sintomático que protagonizaran la primera grabación española de «La historia del soldado» de Stravinski. Mientras, se foguea en la crítica musical, en el «Diario de Barcelona».

Pero si Guinjoan pudo ser pianista, incluso director, crítico o gestor, el destino asentaba la vida como compositor. Todo lo demás habían sido herramientas para entender que la música es mucho más que una fría elucubración de resonancias matemáticas y que el discurso sonoro necesita de determinados mecanismos, relaciones que hagan cómplice al público con las ideas que se exponen. Sus primeras obras revelan la cercanía al piano, desde la serie de «Células 1-3» a soluciones seriales como los «Dos estudios para piano y percusión». Se suceden obras sinfónicas importantes en la década de los setenta: «Bi-temàtic» y «Tensió-Relax»; incluyendo aportaciones escénicas de apariencia lúdica como «Acta est fabula» y «El diari».

Vendrán después obras muy diversas, siempre tratando de conciliar aspectos diversos, de encontrar puntos de referencia. Cuadra mal con Guinjoan la idea del ecleticismo por mucho que sea un palabra demasiado recurrente a la hora de justificar los encuentros de apariencia disímil. Todo se explica fácilmente desde la simple ambición por explorar y conocer. De ahí, la indagación en mundos tan aparentemente alejados de su propia naturaleza como el flamenco, con muy brillantes resultados en «Jondo», «Homenaje a Carmen Amaya» y «Flamenco». En estas obras está presente la exploración rítmica y la indagación tímbrica. Esta última, consolidada de forma más clara en obras orquestales como «Pantonal», «Archipiélago» o «Sincrotrón-Alba», tercera sinfonía escrita para celebrar la inauguración del acelerador de partículas de Sardañola del Vallés. Se abre así, en los últimos tiempos, la puerta al avance científico. «Verbum (Genoma in música)», fue una obra tardía inspirada en el descubrimiento de un gen asociado al habla. La sinfonía «Fiat Lux» fue su último estreno en 2016. Títulos fundamentales son también el cuarteto «Self-Parafrasi», el ballet «Trencadís», y, por supuesto, su única ópera, «Gaudí», estrenada en el Gran Teatre del Liceu el 2004.

El reconocimiento le llegó a Guinjoan sensatamente, de manera que, poco a poco, fue recibiendo el nombramiento como Chevalier des Arts et des Lettres y Officier des Arts et Lettres del Gobierno francés. También el premio Nacional de Música, la Cruz de Sant Jordi. Doctorados «honoris causa» y el premio iberoamericano de la Música Tomás Luis de Victoria. Con todo ello se daba cumplimiento a una sabiduría muy especial y a un deseo sensato por manejar una música factible. Franqueza e independencia, deseo de explicar el mundo sin dejar de atender a la propia idiosincrasia. «Es terrible y fascinante enfrentarse a uno mismo», llegó a escribir para que todo quedara claro.