Emilio Aragón
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Emilio Aragón: «Cuando se ha hecho lo que se debía, ¿por qué no hacer lo que se quiere?»

El polifacético artista ha regresado a su Cuba natal en su disco «La vuelta al mundo»

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Emilio Aragón tenía tan solo un año cuando abandonó su Cuba natal, pero su madre, Rita Violeta Álvarez, cubana, no ha permitido que la isla se aleje de él (y de sus hermanos, claro). «Una casa es un matriarcado -dice Aragón-, y la mía no es una excepción. Mi madre no ha dejado de vivir en cubano; ella se siente muy madrileña, y cuando pasea por su barrio todo el mundo la conoce y la saluda, pero nunca se ha marchado del todo de Cuba. Con 85 años tiene Instagram, Facebook, maneja Skype... Y todos los días habla a través de Skype con su hermano Tomás, que tiene 96 años. Les oyes hablar y parece que mi madre dejó Cuba anteayer. Sigue hablando en presente de muchos personajes -artistas, escritores...- de épocas pasadas y en su casa todas las semanas se comen frijoles y tostones».

No es extraño, por tanto, que Emilio Aragón haya terminado componiendo un disco de acentos cubanos titulado «La vuelta al mundo», que no ha tenido «más remedio que hacer». Tanto su madre como su mujer, Aruca, se quejaban de que nunca les hubiera compuesto una canción. «Las dos se confabularon -relata- y yo me puse a componer. Hice varios temas y entonces me preguntaron cuándo iba a sacarlo. Yo ni lo había pensado. Pero se fue haciendo una bola de nieve y me dejé querer».

El resultado es un trabajo que ha editado camuflado detrás de otra personalidad, Bebo San Juan: «Mis nietos me llaman Bebo, de ahí el nombre. Y San Juan por la capital de Puerto Rico. San Juan y La Habana son ciudades hermanas». Aunque se metiera en este trabajo casi por obligación al final resultó un proceso muy divertido. «Al principio quería hacer una cosa muy cubana, muy purista, pero después iba pensando y probando y fui metiendo instrumentos que tienen más que ver conmigo: guitarra flamenca, acordeón, bouzouki griego, ouke lele... para lograr otras sonoridades. El disco tiene un alma cubana, pero de repente hay un merengue dominicano, hay una guaracha con algo brasileño en el fondo; hay un requiebro de malambo en el fondo...»

Y es que si algo tiene claro Emilio Aragón es que un creador no puede serlo si no se siente libre. «Hace muchos años, un profesor que tuve me decía: “has de tener libertad a la hora de crear y de hacer; si no eres libre serás un amargado”. Y eso es totalmente cierto. A la hora de grabar he querido ser libre y quitarme cargas y complejos de encima. Cuando se tiene la suerte, además, de trabajar con los músicos con los que he trabajado, el proceso de creación es apasionante».

Emilio Aragón ha cumplido hace unos meses sesenta años. Y este trabajo es también fruto de esa edad. «No he tenido ninguna prisa, lo he ido construyendo poco a poco. La edad, la madurez, te dan la tranquilidad necesaria para saber distanciarte de las cosas. Yo lo dejé madurar, volvía a escuchar lo que grababa una y otra vez, porque yo soy muy obsesivo. Pero he aprendido a tratar de controlar mi obsesión».

Uno de los estribillos de su vida, actualmente, es «¿Por qué no?» «Quizá sea la edad... -se justifica-. Hay gente que piensa que cuando se alcanza una determinada edad hay algunas cosas que ya no se pueden hacer. Parece que cumplir sesenta años signifique tener un veto para determinadas cosas. Pero yo pienso: ¿Por qué no? Cuando ya se ha hecho lo que se debía, ¿por qué no hacer lo que se quiere?»

Así que, reconoce, está continuamente «en modo búsqueda. He hecho de mi móvil mi cuaderno de notas; los móviles pueden ser una herramienta magnífica. Voy grabando ideas y tengo el teléfono lleno de notas de voz. Mi mujer me pregunta si no estoy cansado de estar siempre dándole vueltas a la cabeza, y yo le digo que no. Al contrario, me divierte: leo un artículo en un periódico o veo un documental en la televisión y casi siempre se me ocurre algo nuevo que hacer».

Pero existe un contrapeso cuando se tiene la categoría y el currículum de Emilio Aragón: la responsabilidad. «No me atenaza especialmente -reflexiona-. Para mí lo más importante es la sinceridad, la verdad. En este sentido, este proyecto tiene una verdad incuestionable porque nace de donde nace. Está compuesto con una intención y un sentido concretos que lo convierten en absolutamente sincero. Pero eso pasa con todo, no solo con la música. Por ejemplo: ahora estoy con mi nueva película, la tercera, a la que le estoy dando muchas vueltas -no quiere todavía adelantar detalles «porque no corresponde», aunque si todo va bien, dice, empezará a rodar en otoño-. ¿Por qué le estoy dando tantas vueltas? Un creador, en su primera película, suele tener la necesidad de contar algo y lo hace con bastante libertad; en la segunda o se pasa de frenada o desbarra... Eso suele suceder. Pero la tercera es una declaración de intenciones, en ella es él; vuelve a ser él y a sentir la necesidad de contar algo. Por eso mido muy bien cada paso que doy».