MADERO CUBERO  Eliades Ochoa, durante un concierto en Córdoba  ABC  Christian Jiménez responde al nombre artístico de Porta
MADERO CUBERO Eliades Ochoa, durante un concierto en Córdoba ABC Christian Jiménez responde al nombre artístico de Porta

Eliades Ochoa _ Músico: «Sigo considerándome un alumno aventajado de la música cubana»

POR LUIS MARTÍN. MADRID. Eliades Ochoa, uno de los intérpretes de música tradicional cubana más populares de las dos últimas décadas, recala hoy en la sala Joy Eslava, de Madrid, y el próximo 14 en La

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POR LUIS MARTÍN. MADRID. Eliades Ochoa, uno de los intérpretes de música tradicional cubana más populares de las dos últimas décadas, recala hoy en la sala Joy Eslava, de Madrid, y el próximo 14 en La Coruña. Eliades, que en septiembre grabará nuevo disco, atraviesa un momento dulce: este año es el décimo aniversario de la creación del Buena Vista Social Club. «Todo un hito en la música cubana», afirma. «El Buena Vista propagó nuestra cultura a todos los rincones del mundo».

Hijo de una familia de campesinos, Ochoa dio el primer empujón a su vida profesional interpretando la guitarra en las calles de Santiago, cuando todavía era un adolescente. Pero a este luminoso guitarrista, y no menos valorable cantante, la música le deparaba todavía un manojo de aventuras hasta convertirse en una pieza clave para el magnífico puzzle de influencias que es la música popular de su país: vivir inmerso en el compromiso de realizar el mejor son montuno de Cuba; algo que en palabras del propio artista, tampoco le ha supuesto demasiados esfuerzos.

«Desde cualquier punto de la isla hasta el Cabo de San Antonio», dice, «la orografía de Cuba es lo más parecido a un son montuno». Y aún añade: «El son montuno es música campesina. Fui aprendiendo su cadencia nota a nota, me enamoré de ella en los secaderos de café cuando caía la noche. Desde entonces, cada vez que me zambullo en estas canciones tan viejas, me siento mucho más joven. El son montuno me transporta a la infancia».

Con sólo 16 años, Eliades se convirtió en divulgador de la música cubana en el radiofónico «Trinchera agraria», antes de «aterrizar» en el Quinteto de la Trova y en el Septeto Típico Oriental, combos ambos de extraordinaria incidencia en la escena isleña de los años 60. Desde entonces, sus compatriotas le han elegido en más de una ocasión jefe de la guitarra cubana, pero no es menos cierto que su presencia también recuerda la enorme tarea innovadora de quien es responsable de una de las consecuciones más importantes de la música de la isla: el relanzamiento del veterano Cuarteto Patria.

«El Cuarteto fue un salto a escalones superiores por los que yo venía caminando», dice. «Entre 1939, fecha de su creación, y 1978, cuando Pancho Cobas me entregó la batuta del grupo, el Patria ha trabajado en múltiples ámbitos. En un primer momento, a través de giras por el interior de Cuba, y, desde 1960, ligado al Consejo de la Cultura. Su consolidación no se produjo, sin embargo, hasta fechas todavía recientes, en las que todos convinimos que lo mejor que podíamos hacer para llegar a las audiencias jóvenes era revisar nuestros arreglos y proporcionarles un revestimiento moderno».

A pocos meses del que será su celebrado regreso a los estudios de grabación, es un privilegio que este replicante del discurso instrumental de gringos como Ry Cooder o Charles Musselwhite, vuelva a ofrecer a la afición la oportunidad de disfrutarle en directo.

«¿El repertorio...? Una especie de repaso a lo hecho hasta ahora. Un temario de transición hasta que llegue el momento de grabar un disco en el que intervendrán el pianista Chucho Valdés y un colectivo de músicos africanos, entre los que estará el intérprete de kora maliense Toumani Diabate. Para mí, que, humildemente, sigo considerándome un alumno aventajado de la música cubana, es todo un orgullo que me reclamen para llevar a cabo esta clase de confrontación. Es importante sentirse útil todavía en algo».