Bob Dylan, durante uno de sus conciertos
Bob Dylan, durante uno de sus conciertos - ABC

Bob Dylan se encierra tres noches en el Auditorio Nacional

El cantante y premio Nobel de Literatura arrancó la noche del sábado su gira de presentación de «Triplícate»

MadridActualizado:

Las entradas para el primer concierto de la gira española de Bob Dylan, que tuvo lugar anoche en Salamanca, se agotaron en menos de una hora. Pero aún quedan localidades para las tres actuaciones consecutivas que tiene programadas en Madrid a partir de mañana en el Auditorio Nacional de Música. Quizá tenga que ver con el hecho de que el furor dylanita no parezca especialmente desatado tras el lanzamiento de «Triplicate», o más probablemente con el precio de las entradas, unos setenta euros más gastos la más barata.

Ese es el precio que hay que pagar para disfrutar del Nobel de Literatura en la intimidad, en un recinto que sin duda ofrecerá unas condiciones acústicas inmejorables, con las que podrá detectarse cada matiz sonoro impreso por la espléndida banda del artista de Duluth. Además, el viejo Bob necesita rentabilizar al máximo cada velada para mantener a su séquito, digno de un monarca del folk: El autor de «Blowin’ in the wind» viaja en dos autobuses de lujo, y en cada escala suele reservar todas las habitaciones de dos (o más) hoteles de cinco estrellas en el centro de la ciudad para descansar con sus músicos, su nutrido equipo de seguridad y sus técnicos de montaje.

Derecho de admisión

Esta visita por «triplicado» ha vuelto a poner de manifiesto el carácter maniático de Dylan. Ha prohibido el acceso de todo tipo de reporteros gráficos a sus conciertos, pero además, se reserva el derecho de admisión para expulsar de los mismos a cualquier fan que intente captar un vídeo o una simple imagen de su ídolo sobre el escenario. Se podrá acceder al recinto con el teléfono móvil en el bolsillo, pero una vez tomado asiento, cualquier gesto sospechoso que sea detectado por los miembros de seguridad acabará con el espectador de patitas en la calle.

Elitismo y restricción no parecen palabras propias del vocabulario Dylan, pero en realidad, a estas alturas nadie se sorprende por las manías de un artista que nunca ha tenido reparos en desafiar a su audiencia con conciertos ásperos, a veces incluso antipáticos, en los que gran parte del público suele acabar torciendo el gesto a mitad de «bolo» al no reconocer ni la mitad del repertorio. Pero, ¿y si tiene una buena noche?

De vez en cuando, se produce el milagro y Dylan sonríe al público, e incluso toca y canta las canciones que que esperamos, tal y como las conocemos. Puede ocurrir durante toda una actuación, o durante un fugaz instante de comunión con su hinchada durante una velada gris. En cualquier caso, la sensación suele hacer que setenta euros sean una estupenda inversión.